ÉTICA, LA MEJOR PALABRA

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

Lo gobierna la mesura.

Lo guía la reflexión y no el impulso; el cerebro y no las vísceras; el juicio y no el prejuicio.

Vigoroso amante de la paz, sin embargo es valiente en la hora de defender la sustancia de su vida profesional: libertad, independencia, justicia y equilibrio.

Abraham Santibáñez cree en la pirámide invertida –información en orden decreciente- y a pesar de ello es el mayor impulsor del periodismo interpretativo. Este coloca orden, sentido y armonía a los hechos y genera contexto.

Su serenidad intelectual no es frontera para solidarizar con los perseguidos ni para denunciar los abusos. Fue uno de los testigos principales cuando abrieron los hornos de Lonquén, donde los torturadores lanzaron a algunos disidentes al régimen militar.

Incluso lo detuvieron porque en la revista “Hoy” se publicaron crónicas que otros no se atrevían a incorporar en diarios sumisos.

Es uno de los líderes de un ejemplo moral más relevantes de la historia nacional: renunció –renunciamos- a “Ercilla” cuando los nuevos propietarios, adherentes a Pinochet, no garantizaron la autonomía del semanario que dirigía Emilio Filippi. El éxodo fue casi completo.

El 22 de abril reciente disertó en la Academia Chilena de la Lengua. Su discurso se tituló “Ética periodística y cuidado del idioma”.

Sin ánimo de halago, es una clase magistral. Relaciona con gran jerarquía, engarza con propiedad y estilo, convence con su argumentación generosa.

Cuando en televisión dominan vocablos extraviados, indignidades en el trato con las personas, frivolidades baratas y faltas groseras, Santibáñez respalda la intención respetuosa y las formas prolijas.

Defiende y patrocina la autorregulación ética y la recuperación de la potestad del Colegio de Periodistas.

Une ejemplos históricos con algunos casos idiomáticos Y se atreve al humor, sin propósito de caricatura:

Neruda escribió: “Me gustas cuando callas”. ¿Qué se diría en el neo-habla en uso? “¿Cierra el hocico, huevona”?

“¿Cómo sonaría “él paseó con otra” de Gabriela Mistral? ¿El huevón anda paseando con otra huevona?”

“Se podría pensar que el irreverente antipoeta Nicanor Parra podría soportar mejor este juego. Francamente, no: “Estoy viejo, no sé qué me pasa” no es lo mismo que “soy un viejo huevón que no tengo idea de qué chuchas me pasa”.

Siente un gusto amargo, pero el afán es demostrar su hipótesis.

Dice: “La idea es que la responsabilidad ética en el periodismo también pasa por el buen uso del idioma. La precisión de los términos, el buen estilo, la redacción atractiva y original, deben ser parte integral del castellano usado en todos los medios: impresos o audiovisuales… incluso digitales”.

Mi ex profesor, colega y amigo tiene toda la razón. Porque la ética es la mejor palabra.