OJO EN TINTA

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

Unta su lapicera en el tintero oscuro.

Así crea y recrea. Traza sus dibujos con inteligencia, ironía y gracia.

Las caricaturas reseñan, observan y critican.

José Gai escribe novelas, crónicas y también es periodista cuando mueve su pluma literalmente sobre hojas en blanco.

Hace unos meses conocí su libro de humor gráfico en el que pergeñaba con sarcasmo algunas frases de Piñera: “Y Piñ-era mucho, poquito, nada”.

Mi transcriptora, Graciela Azócar Macheo, de orgulloso origen mapuche, me susurra que piñ significa poco. Y sin afán de mordacidad.

La obra se “lee” entre sonrisas y gratitudes. A ratos implica visiones ácidas; en otros, miradas deliberadamente ilógicas, aunque parezca una paradoja.

Los retratos les sacan la piel a los personajes famosos y se ríen de la solemnidad marmórea de las estatuas.

En un juicio estrictamente propio de su oficio más conocido (“el mejor del mundo”, según García Márquez), José Gai resume en dibujos burlescos una realidad enfática: Antes, un ancho televisor con una gran carrocería hacía atrás y una pareja joven, casi esquelética en su delgadez. Ahora, un fino plasma y un matrimonio apoltronado en un sofá, él y ella muy panzones.

Un toque periodístico.

El libro “Ojo en tinta”, de Tajamar Editores, juega con un orador que mueve a reflexiones y sentido de observación: “El idioma español no puede sustraerse a la globalización de nuestra cultura. Digámoslo ya: ¡El lenguaje is changing, cónchale vale!”.

Pinceles, lápices y tinta siguen al servicio de la comparación talentosa y la mudanza de situaciones: Ayer,en una casucha pobre, con piedras en el tejado y un miniletrero que advierte: Cuidado con el perro.

Hoy, una mansión de dos pisos, típica del nuevo barrio alto, con un llamado que dice: Cuidados para el perro. Una elegante dama baja de su largo automóvil con un fino can en sus brazos. Un llamado luminoso precisa: Veterinaria, peluquería, podología, baño-sales, nutrición, boutique, juguetería, vacunatorio.

Ojo en tinta” invita casi siempre a desternillarse porque no renuncia al humor gráfico.

Gai Hernández desentraña a los grandes, descompone a los poderosos y apunta con propiedad contra los lugares comunes.

Nunca aburre.