LOS 100 FUEGOS DE IVÁN

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

Las une la pasión por la literatura y los sentimientos. Las gobierna el éxtasis amatorio.

Una escribe en estilo siempre filtrado por la elegancia y la sutileza; la otra con vértigo y ciertos lastres gramaticales.

Ambas saltaron de las páginas culturales a la crónica roja. Literalmente con la sangre de sus víctimas y amantes que las frustraron.

La primera, María Luisa Bombal, quien disparó contra Eulogio Sánchez. Catorce años después –el 14 de abril de 1955-, María Carolina Geel mató a Roberto Pumarino, menor que ella.

En los dos casos la escenografía fue la misma: el aristocrático hotel Crillón, en Agustinas a pasos de Ahumada.

El encuentro de María Carolina con el hombre que la había descartado, fue a la hora del té. Olía a jazmín en las filas y humeantes taza europea.

La autora de “El mundo dormido de Yenia”, “Extraño estío”, “Soñaba y amaba el adolecente Perces” y “Siete escritoras chilenas” había comprado una pistola belga. Con ella descargó cinco tiros sobre Pumarino. Se lanzó encima de él y besó sus labios aún tibios.

Fuego, revuelo y delirio. Poco después llegó a la “escena del crimen” el joven reportero Iván Cienfuegos Uribe, quien ya trabajaba en el diario que dirigía el gran maestro Byron Gigoux James

Hoy, Cienfuegos- quien ha dirigido periódicos en Santiago, Concepción y Temuco, en carrera de éxitos y vocación- me dice:

“Me trae recuerdos el exquisito y fino hotel Crillón. En mis tempranas andanzas de reportero policial: allí también María Carolina Geel disparó y mató por amor. Y fue testigo (¿se dirá testiga?) la escritora Matilde Ladrón de Guevara (la de más de mil batallas por su hija Sybila) que, entrevistada por mí, todavía temblorosa solo dijo: "Una pérdida para la literatura y un nuevo guión para mis trabajos".

El reportaje de Iván causó sensación. Entre rejas, María Carolina Geel escribió “Cárcel de mujeres”, con prólogo de Hernán Díaz Arrieta.

Gabriela Mistral le pidió el indulto al Presidente Carlos Ibáñez del Campo.

Él le respondió: "Sepa, mi estimada amiga, que en el mismo momento que usted formuló su petición, ésta era un hecho atendido y resuelto”.

Cienfuegos sigue con su llama periodística muy encendida.