GANA SIEMPRE GANA

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

Medianoche.

La página 3 es atractiva, principal, convocadora de lectores.

Nos incita y llama por su ansia de novedad y estilo; de juego y fuego; de originalidad y magnetismo.

Estamos con Federico Gana Johnson, militantes de la bohemia. Llegué de la Universidad Católica; él, de la U. de Chile. Ambos, ávidos de escribir y de conocer; de soñar y vagar; de viajar y mirar a los ojos de la amada juvenil.

Nicolás Velasco del Campo, nuestro director, se retira insatisfecho por los contenidos. Nos lo dice para generar ánimo y voluntad de cambio.

Trotamos hacia Il Bosco, restaurante de Alameda cerca de Estado. Allí se reúnen escritores como Enrique Lafourcade; periodistas deslumbrantes: los hermanos Gómez López, José y Mario; el dúo de Olivares, René y Augusto, quien se suicidaría en La Moneda el 11 de septiembre de 1973; Luis Hernández Parker, el mejor comentarista político.

Casi niños aún, nos integrábamos a sus mesas y aprendíamos.

Eran anécdotas y deslumbramientos de antaño.

Estábamos con Guillermo Ferrada, columnista.

Ese día un peligroso delincuente, el loco Pepe, presento su postulación a la Sociedad de Escritores de Chile. Fue rechazado.

Con Ferrada se nos ocurrió ir a visitarlo a la Penitenciaría.

Llamé a De la Maza, director de Gendarmería. En principio no me creyó, pero nos dejó ingresar de madrugada.

Lo entrevistamos entre mis temblores e insólitos deseos de que escapara, mientras lo custodiaba un gordo guardia.

Federico quedó con la intención de capturar otro tema. Pronto supo que habían nacido trillizos y se trasladó hasta allá. O mellizos triples, como decía Filebo, amante de la excelencia idiomática.

Nuestro reportaje se publicó en la 3; el de Gana, en la buena vecindad de la 2.

Nos conocemos desde hace más de 40 años. Ambos con amores y quebrantos; éxitos y trizaduras; viajes y narraciones.

Hoy publica “En mi lugar”. Son 14 cuentos confesados.

Aunque se proclama ficción, descubro claros rasgos biográficos

Ovilla con facilidad y armonía. Traza personajes que se hacen amables u odiables,

En el prólogo, confiesa: “Fui pescador de anchovetas, caminante de variados continentes, inventor de versos románticos y duro reportero policial. Soy bailarín de salón. Fui niño mimado, adolescente, desprevenido y sigo siendo lector ávido y conversador en bares de paso”.

En la generosa aproximación de periodismo y literatura, Gana siempre gana.