JUGADOR DE LA PALABRA

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

La convivencia idiomática se triza en la televisión.

En los programas matinales muchos caen en expresiones paupérrimas, confusas y extraviadas.

Se equivocan en la conjugación de los verbos soldar, apretar y haber (cuando indica existencia).

Reporteros, desanimadores y hasta el Presidente de la República incurren en redundancias: “Hace años atrás”.

O en obviedades absurdas: “Un médico mató a sus tres hijos y luego se suicidó”.

Se alteran con idiosincrasia, que se escribe con s, porque deriva del latín. No del griego, como democracia y aristocracia.

Persecución es con c y por su vecindad fonética con percusión algunas veces se infiltra la s.

Recuerdo que en mis clases ciertos estudiantes –alegres, cercanos, amables- me invitaban a un “vituperio”.

Me desconcertaba: ¿Por qué me querían ofender? Ellos deseaban compartir un refrigerio y desbarataban el sentido del vocablo.

Compartimos esos juicios con mi gran amigo Iván Sandoval Fuenzalida, excelente profesor de redacción.

Entonces, me atrae la lectura de “365 días para enriquecer su lenguaje”. Su autor, Héctor Velis-Meza, advierte que es “un libro que le permitirá aprender diariamente, de manera entretenida, el significado de una palabra”.

Periodista y profesor universitario, sugiere que se lea en dosis, que se deje en el velador y cada noche se estudie el significado de voces de uso corriente.

Allí encuentro un gran respaldo para vituperio. Lo cito por su riqueza de argumentos: “Un vituperio es una palabra oprobiosa y ofensiva que se le espeta a una persona; es regañarla de mala manera. Vituperar es igualmente criticar con dureza, reprender con aspereza, censurar con sequedad. Este término surgió de la voz latina vitupero, que se define como encontrar defectos”.

Siempre original, incluso en la grafía de su apellido, comenta que constituye un error asimilar vituperio a comida o celebración informal.

Significa ofensa o deshonra.

Fernando Alarcón refiere que cuando interpretaba a Canitrot, un mujeriego aficionado al trago, se equivocó y dijo vituperio en vez de refrigerio.

Como todos los libros de Héctor Velis-Meza, me parece recomendable porque es un jugador de la palabra.