DICTADORES Y DICTADOS

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

Un amigo acucioso y prolijo me advierte: en el artículo “Pinceles y Oraciones” dice que el padre Manuel Villaseca amaba “su tierna irrenunciable.

Con amabilidad, comenta: “Creo que quisiste poner tierra”.

Tiene razón. Con mis manos atrofiadas, recurro a alguna amiga para que me lo transcriba.

¡Son los riesgos de un dictador… de textos!

La anécdota me sirve para recordar otras ya famosas. Son problemas que surgen de dictados y de malas recepciones.

En 1952 Fernando Santiván (originalmente Santibáñez) ganó el Premio Nacional de Literatura.

Una reportera escuchó por teléfono la lista de sus obras. Al día siguiente, el autor se escandalizó al leer “Memorias de un Tonto Llano”.

El libro se titula “Memorias de un Tolstoiano” porque Santiván era seguidor de León Tolstoi, escritor ruso, e integraba la “Colonia Tolstoiana”.

Otra: durante un tiempo dejó de circular la revista “Ercilla”.

Cuando reapareció, un artículo decía que una modelo, animadora del Festival de Viña del Mar, luego diputada y hoy embajadora, había sido nombrada relacionadora pública. Lo grave es que la última palabra no tenía la letra l.

Durante una semana esperé la explicación del editor o la carta de la aludida. Nada.

René Silva Espejo fue un memorable director de “El Mercurio”. Profesor de castellano y buen estilista, los redactores temblaban cuando recibían un dictado.

El día en que los radicales se sumaron a conservadores y liberales, él dictó un editorial. Al abrir el diario, se sorprendió.

Decía “malos radicales”.

Él había dicho “más los radicales”. Con su seudónimo de Jr. redactó una irónica y divertida columna.

El periodista Juan Gana, amante de las comidas chilenas, viajó a las Torres del Paine. Lo más atento posible, el buen Saval escuchó su artículo y tituló: Amor Chileno.

Al regreso, Gana recurrió a todas sus asperezas verbales y le aclaró: “Te dije al mochilero”. Se refería a los turistas que transitan por esa reserva forestal.

El original y valiente reportero Mario Gómez López me contó que hubo un accidente aéreo en La Serena. El director dictó el título principal: Cayó avión: dos muertos

El linotipista cambió la y por la g. Tenía fuerza, pero resultó un pésimo chiste, según la versión de Mario.

Peor es la burla del vociferante poeta Pablo de Rokha: La nueva rica dice a sus invitados: adelante pasen al prostíbulo.

Quiso decir vestíbulo.

Son los líos de dictadores y dictados.