TALLER DE REPARACIONES

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

Es una cadena de injusticias y tropiezos.

De pronto, un acierto aplaudido por la mayoría.

Hablo de los Premios Nacionales, en especial de Periodismo y de Literatura.

En la profesión que ejerzo hay olvidos imperdonables.

Por lo menos desde mi perspectiva.

El galardón lo han obtenido ingenieros y abogados, gracias

-literalmente- a la influencia de algunos medios de comunicación.

Otros cayeron en la desmemoria. En un repaso espontáneo reviso casos.

Homero Bascuñán, pampino de Tamaya, no terminó primer año de preparatoria.

Pero ya con el nombre civil de Humberto Cortés leía con facilidad y entusiasmo.

Ejerció múltiples oficios: minero del caliche, payaso y saltarín de circo, panadero, líder sindical y obrero textil.

Casi no hay chileno que haya tenido una biblioteca más grande que la de él.

Vivía en una casa de dos pisos en un modesto barrio de Quinta Normal. Siempre atiborrada de libros.

Cuando murió una vecina de los pisos superiores, la compró exclusivamente para guardar más obras.

Asombroso: ¡las leía todas!

Pasión y vida.

Era una vertiente de columnas literarias, payas, recuerdos, servicio al lector y el documentado santoral insólito.

Jamás lo reconocieron y no hubo un taller de reparaciones.

Andrés Sabella, autor de “Norte Grande”, redactaba notables artículos que trasplantaban su gracia de conversador.

Siempre lo olvidaron.

Mario Gómez López y su inmensa grabadora capturaron relevantes episodios de la historia nacional. Cautivó a millares de auditores y soy testigo de que se constituyó en imán de los estudiantes.

Mereció el Premio Nacional y murió sin él.

Lo mismo su hermano José, quién dirigió el diario “Puro Chile” durante la UP y brilló en canal 13 con “La historia secreta de las grandes noticias”.

Para el nuevo de Literatura postulo con firmeza a Enrique Lafourcade, presentado por sus hijos.

Promotor de la Generación del 50. La integró con José Donoso, Alejandro Jodoroswky, Jorge Edwards y el poeta Molina, entre otros.

Lafourcade fue siempre polémico, sarcástico y duro. Así se creó muchos adversarios.

Escribió más de cuarenta libros. Entre ellos, “Palomita Blanca”, la novela más vendida de todos los tiempos.

Recuerdo el estilo pulcro de sus crónicas dominicales en “El Mercurio”, sus críticas gastronómicas y sus burlas como panelista de televisión.

Hoy tiene 90 años y padece de alzhéimer.

La ironía sería que el jurado se olvidara de él y del taller de reparaciones.