NAVIDAD ES AMOR

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

No es una feria de vanidades.

Tampoco un vértigo de regalos ni una lujuria de precios.

Falta, aquí, identidad y compromiso con el catolicismo.

Sin ánimo de desalentar la ilusión de los niños.

Planteo: ¿Qué hace, con 34 grados, un gordo nórdico con abrigo rojo y botas gruesas?

No quiero trizar el encanto infantil.

Pero es una devoción impuesta, no una identificación relacionada con la Navidad, que es amor.

El comercio no puede ser más fuerte que la fe.

Tampoco un trueque frenético de obsequios.

Recuerdo que el gran dibujante Themo Lobos mostraba el Viejo Pascuero con veraniega tenida de huaso.

Tal vez era una exageración y no iba a la sustancia.

La publicidad alimenta el afán de gastos desbordantes y el embrujo de inversiones que desequilibran el presupuesto familiar.

La estrella de Belén no puede llevar a vitrinas iluminadas y con precios fuera de órbita.

No.

Ha de conducir a la esencia del núcleo navideña.

No se respeta el meollo de esta fiesta sagrada.

La vivo con mucha consistencia: ¿Dónde está el niño Jesús?

Se domicilia en nuestro corazón.

Sin embargo, se le olvida en los avisos repetitivos.

La ausencia de frenos desdibuja al Hijo de María.

En la Biblia se relata la humildad del pesebre en que nació Jesús.

Ello en contraste con la que vemos una incitación a la riqueza sin fronteras.

Es muy relevante la monarquía del dinero sobre la austeridad de Belén.

La sencillez de los pastores y la mansedumbre de San José no se comparan al desarrollo de hoy, a la belleza de Belén.

Porque la Navidad es amor.