ECOS DE ANTEAYER

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

Las anécdotas tienen su domicilio en mis 33 años en “Las Últimas Noticias”.

Navegan por los ríos de la memoria. Nombres y hombres. Las redes de la historia capturan, en primera instancia, a Byron Gigoux James.

Durante tres décadas, fue director del diario.

Maestro de Luis Sánchez Latorre, Nicolás Velasco del Campo, Fernando Díaz Palma, Iván Cienfuegos Uribe, Homero Bascuñán y Hugo Goldsack, entre muchos otros.

Pulcro para escribir, cochino para hablar”, se decía de él.

Exigente en la necesidad de la excelencia idiomática, multaba a los reporteros que incurrían en faltas.

Tenían una chicharra para llamar a los que atropellaban las normas.

Respecto de quienes lo hacían bien, sentenciaba: “Con sus deber no más cumple”.

Jubiló en 1957 y durante 17 años me enviaron a entrevistarlo, los 15 de noviembre, por los aniversarios. Siempre hice versiones originales.

Lo admiré mucho. Me estimó y me elogió.

La primera vez que lo vi, me sorprendió: con chupalla y mameluco con pechera, regaba el jardín de su casa de Rosa O'Higgins, Nicolás Velasco del Campo, su sucesor, fue mi profesor en la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica.

Me llevó al diario. Mi primer jefe fue Julio Martínez, al que le escribí una carta a los 14 años para decirle que anhelaban ser periodista. Luis Sánchez Latorre fue una de los principales discípulos de Gigoux. Culto sin fronteras, conocía toda la literatura chilena, como crítico e integrante de jurados de Premios Nacionales. Él recibió este galardón en Periodismo, el que injustamente nunca se les dio a Homero Bascuñán ni a Andrés Sabella, columnista.

Bascuñán -civilmente Homero Cortés- nació en Tamayu y no terminó el primer año de preparatoria. No obstante, llegó a tener más de 40 mil libros. Tuvo multitud de oficios en minas, circos, fábricas textiles y sindicatos.

Escribió con cientos de seudónimos y miles de artículos. Fue un gran autor de improvisadas y notables payas. Jamás renunció a la humildad. Otro nombre que no se borra es Hugo Goldsack Blanco. Cuando se embriagaba, despotricaba en contra de su mamá: “¿Cómo no se dio cuenta de la cacofonía entre mi nombre y mi apellido?”.

Dibujante, pintor, poeta, novelista y periodista, principalmente reportero. Golsack era investigador y contador de historias. Vivió en calle Nataniel, donde fuimos a una fiesta con mi amigo Federico Gana. Tan bulliciosa, que llegaron los carabineros por protestas de los vecinos.

Casado con la poeta Irma Isabel Astorga, se trasladó cerca del cerro Calán, contaba que tenían una asesora de hogar que se duchaba todos los días antes de retirarse. De pronto, dejó de hacerlo y argumentó. “Es que el Pedro decía que ya no tenía gusto a na”.

Son algunas de los ecos de anteayer.