SEPTIEMBRE EN MI NIÑEZ

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

Era un pequeño muy flaco, tímido hasta casi hasta la exageración, con los huesos tan delgados que parecían una flauta.

No me atrevía a hablar delante de muchas personas.

Rezaba todos las noches, con Virginia y Enrique, mis papás.

Ellos me enseñaban a creer, crear y respetar.

Él leía el diario “Las Ultimas Noticias”, que fue mi primer silabario.

Los profesores: Daniel de la Vega, Byron Gigoux James, Luis Sánchez Latorre, Homero Bascuñán y Julio Martínez.

Estudié en la Escuela “Domingo Matte Mesías”, de los hermanos de La Salle. Allí aprendí los colores de los estudios y de la religión. Fui congregante mariano y cruzado.

Un mes sin olvido es septiembre. Mis compañeros elevaban volantines, hechos con papeles de seda y varillas de colihue.

Conquistaban el cielo, con sus colores: rojo, azul, lila.

Mis papás nos llevaban a Claudio, Patricia y a mí al circo. Agustín nació años después. Nos divertíamos, principalmente en el teatro Caupolicán, de calle San Diego, donde tenían su sede “Las Águilas Humanas”.

Reíamos mucho con los payasos enharinados y nariz roja. Su humor era blanco e ingenuo. El mejor ¨El Tony Caluga¨, un mito hasta hoy.

Nuestros ojos se desentonaban con las contorsiones de las bellas y ágiles trapecistas.

Eran audaces y ponían nervioso a todo el público.

Vestían hermosos trajes de colores y lucían sus cinturas de dedal.

El domador adiestraba al perezoso león desdentado, al que estimulaba con su látigo.

Además ingresaban elefantes que arrojaban agua por sus trompas.

Ahora se prohíbe la presencia de animales en los circos.

Virginia y Enrique nos llevaban a la Parada Militar, en el entonces llamado Parque Cousiño.

No había conflicto con las fuerzas armadas y nos alegraban su marcialidad y corrección. Con penachos rojos o blancos, los jóvenes de la Escuela Militar lucían elegantes y gallardos.

La multitud se aglomeraba en los entornos.

Nuestros papás nos subían en sus hombros para que viéramos el desfile.

Éramos fanáticos de las cuecas, con los bailarines con sombrero de huaso y ellas con sus polleras policolores.

No como en estos tiempos, en que prefieren las cumbias.

Así era en la variedad del cambio de estación del crudo invierno a la floreciente primavera.

Volantines, circo, parada y fondas eran los hitos de mi niñez.