¡VOLVÍ A MI DEPARTAMENTO!

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

Por fin.

Pasaron más de seis años y estoy de vuelta en Ramón Carnicer 5, a pasos del metro Baquedano.

En la puerta hay un letrero pintado por un joven argelino en París, en una cerámica: Regalo ilusiones.

Entro a mi departamento y se reabren las nostalgias y afectos.

Ingreso a la pieza exclusiva de Pablo Neruda.

En la puerta hay un letrero de La Sebastiana, casa del poeta en un cerro de Valparaíso.

Destaca un caballo como los que usan los fotógrafos de plaza.

Y otro que compré en un campo aledaño a Ancud.

Me encuentro con una lujosa edición de todas las obras del Premio Nobel de Literatura.

Sí, ¡todas!

Y docenas de ejemplares, no solo en castellano. Además, mis artículos.

Guiado por Matilde Urrutia, su tercera esposa, y con la ayuda de Rafita, el maestro que esculpía en madera lo que el anfitrión apuntaba con tiza, viajé a Isla Negra, cuando aún estaba en manos de marinos.

Fueron varias páginas publicadas en la revista “Hoy” en 1979, en plena dictadura y con prohibiciones.

Existe un valioso ejemplar de “Versos del Capitán” en su escasa versión anónima.

La redactó en Capri, cuando aún estaba casado con Delia del Carril, La Hormiguita, 20 años mayor que él.

Recorro mi departamento con mucha alegría.

Todos los libros se condensan en una fina colección que adquirí en España. Y en otros, en varios idiomas. Es un gozo repasarlos.

Los cielos de mi departamento están convertidos en obras de arte, gracias al pintor Antonio Guerrero. Y las ventanas por su colega con título universitario Jorge Peña y Lillo.

Las obras de ambos repletan todos los muros, más cuadros religiosos que traje de Ecuador.

Desde los mismos escenarios cuelgan grandes caballos de cuero y otro policolor de carrusel.

En una barra de vidrio y en esquís, 105 caballitos de madera.

Junto a un auténtico piano Steinway, muchas muñecas rusas: Matriuskas. Como en La Chascona, casa nerudiana en Santiago, aunque más grandes que las del poeta.

Es alentador sentirse de nuevo en el departamento.

Como escuchar a mi ídolo Carlos Gardel en diversas expresiones: vitrola de mueble, otra de cajón, en discos clásicos y, después de años de búsqueda, en DVD, con sus películas filmadas en Buenos Aires, París y Nueva York.

Reitero que me siento muy alegre del retorno a mi departamento.

Exactamente un cuarto para las siete de la mañana Karen, la técnica en enfermería, enciende la luz y me doy cuenta de que todo nuevamente fue un sueño.

Un feliz sueño.

Enrique Ramírez Capello