RETAZOS DE MI INFANCIA

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

Nací cerca de la iglesia del Arcángel San Miguel, en los aledaños del parque Subercaseux.

Tengo el desdibujo de mis pasos inaugurales porque mis padres -Virginia e Enrique- se mudaron muy pronto.

Deambulamos por distintos barrios.

Hoy evoco cuando con mis hermanos Claudio y Patricia vivimos en San Diego.

Mi papá trabajaba en la fábrica de calzados Aicaguer y Duhalde, donde está el mercado persa de artesanías y antigüedades.

Años después nos fuimos a Puente Alto, a la población Maípo con casas pareadas de dos pisos.

Todos los vecinos nos conocíamos y muchos ampliaron las viviendas porque los patios eran muy amplios.

Había carpinteros, sastre y el padre de los Castro, que conducía un cochecito para distribuir el pan.

La leche la entregaban en un gran jarro de aluminio porque a pocas cuadras existía un establo.

Los hermanos mayores (Agustín nació muchos años después) hicimos la Primera Comunión con tenida muy formal.

Mi mamá nos engominaba y nos llevaron donde Carreño, el fotógrafo más famosos de esos tiempos.

Con Claudio usábamos pantalones cortos y un encintado en los brazos.

Patricia vestía absolutamente de blanco y nos hacían posar con mucha solemnidad.

En esos días trotaban coches victoria por la calle Concha y Toro.

Cuando alguien se subía al pasante trasero muchos gritaban “huasca atrás”, en una advertencia para que obligaran a bajarse del coche.

Siempre observamos a un huasito que iba con su manta, acompañado de su padre.

Mi hermano Claudio precisa que el pequeño jinete se llamaba Hugo.

En la plaza principal seguíamos los desfiles de los militares de los regimientos Ferrocarrileros número 1.

Desde ahí partía el tren hacia el cajón del Maipo hasta a El Volcán.

Estuve dos años en la Escuela Centralizada.

Después todas las preparatorias y humanidades en la Escuela Domingo Matte Mesías, que dirigían los Hermanos de La Salle.

Era la escuela cristiana.

Con un grupo muy amplio fuimos compañeros por un gran periodo

Recuerdo con cariño a todos los profesores que me hicieron clases: Guillermo Pino en Tercer Año; el hermano Roberto, en Cuarto, quien nos diseñaba plantillas de cartón cuando lloviá para mandarnos a nuestras casas.

En Quinto el profesor Víctor Donoso, quien nos leía “Corazón”, de Edmundo de Amicis.

En sexto el hermano Víctor, quien con los años se convertiría en sacerdote.

En Humanidades fue muy importante y memorable el hermano Enrique, profesor de inglés y gran deportista.