55 AÑOS DE FRATERNIDAD.

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

Fuimos discípulos de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, de la Congregación de La Salle.

En Puente Alto, estudiamos con ellos desde niños. Egresamos de Sexto de Humanidades en 1961.

Nos juntamos en la plazuela aledaña a nuestra Escuela Matte Mesías y a la iglesia de Las Mercedes.

Juramos reunirnos todos los años y ya hemos cumplido más de medio siglo de fraternidad.

El sábado 3 de diciembre nos reencontramos en el colegio de nuestra ciudad.

Nostalgia y mucho cariño.

Algunos compañeros concurrieron con sus esposas. Anclado a mi silla de ruedas, en la que no puedo sentarme muchas horas, no asistí a la misa en la hermosa capilla, que tantos recuerdos nos trae.

Milité en los Cruzados y en los Congregantes Marianos.

Comulgábamos los viernes primeros y los domingos, estrictamente controlados por el hermano Domingo, quien nos entregaba los puntos, un pequeño vale timbrado que justificaba la asistencia.

En el encuentro solidario, nos atendió Eduardo Sepúlveda, gentil y eficiente anfitrión, que representa a la máxima autoridad.

En la misa colaboró Evaristo Cortez Riveros, quien -aunque no egresó con nosotros- se integró con entusiasmo, devoción y constancia.

Allí y en la sala se estremeció con frecuencia porque lamentablemente ha tenido muchos problemas al corazón.

Nos mostraron, con apoyo tecnológico, los grandes triunfos de la Escuela Matte Mesías, ahora mixta: danza, atletismo, básquetbol, tenis de mesa, teatro, banda instrumental y muchas actividades notables.

Desde Concepción acudió Arnoldo Bucarey, nuestro profesor de matemática desde 1958, cuando él aún era muy joven.

Pasó lista. Su clase magistral nos cautivó a todos y yo, como humanista algo ajeno a matemática, lo califiqué con 7,5 ... Su discurso fue sincero, apasionado y de buen estilo.

Cuando nombró a quienes definitivamente ya no están con nosotros todos respondimos ¡presente! en voz alta.

Cuando di mi testimonio, agradecí a todos mis compañeros a los que quiero mucho y a Soledad, mi hija, por su lucha persistente junto a mí y su amor sin renuncia.

Varios relataron sus añoranzas, afecto e inevitables enfermedades.

Paula, la bella y talentosa hija de Juan González Astorga, dio un notable discurso en homenaje a su padre. Nuestro corazón sintió un gran temblor con su prosa pletórica de cariño, evocación de juegos y diálogos, enseñanzas y amistades.

Ella está a punto de dar de examen de grado en la Escuela de Derecho de la Universidad Andrés Bello. La acompañaba su madre, con quien conversé sobre las relevantes virtudes de Juanito González.

Miguel Ponce Vergara, presidente del curso, se emocionó hasta las lágrimas, cuando contó que en el período que tuvo cáncer y se le cayó todo el pelo, lo apoyó la Promoción 61.

Tuve que regresar a nuestro hogar. Eduardo Sepúlveda, siempre atento, hizo pasar al almuerzo a los otros.

Así se cumplieron 55 años de hermosa fraternidad.