EN LA MIRA.

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

En mi andadura por el periodismo muchas veces me acompañaron reporteros gráficos.

En Chile y en el extranjero.

Muy joven aún, fui subdirector de la revista “7 Días”, que encabezaba Fernando Reyes Matta.

Cuando él estaba de viaje, se ordenó en Chile un doble fusilamiento, en el período presidencial de Eduardo Frei Montalva. Acaso imperdonable decisión de un cristiano si no es paradójico calificarlo así.

El Jefe de Fotografía era Waldo Yáñez y la “invitación” llegó a su nombre.

Me pidió una reunión privada y me contó que ya había asistido a una pena máxima.

Se traumatizó.

Nunca pudo desdibujar de su mente ese hecho tan terrible de la sociedad.

Lo liberé.

Su segundo -Ignacio Espinoza- actuó al contrario: me pidió ir a las ejecuciones.

La madrugada de estas, viajé con Yáñez a Valparaíso.

Reporteamos el casino de Viña del Mar con fotografías tomadas después de su cierre.

Volvimos al hotel Prat en el puerto.

Waldo no pudo dormir porque contaba los minutos que faltaban para los fusilamientos y recordaba la ocasión en que presenció uno.

Lo insólito: muchos años después nos encontramos, por azar, en la puerta de ese hotel.

Ignacio Espinoza es reportero integral y vive en Miami.

Cuando mi profesor Nicolás Velasco del Campo me contrató para “Las Últimas Noticias” trabajé mucho tiempo con Alejandro Basualto.

Apena lo conocí, me narró su odisea cuando fue a reportear el terremoto de Valdivia en 1960, en un equipo comandado por Fernando Díaz Palma.

Una tarde se entusiasmó captando fotos en una isla y no advirtió que sus compañeros habían partido.

Quedo literalmente aislado.

La desesperación cundía. Vio que se acercaba una patrullera.

En el timón estaba el carabinero René Obando Sandoval, quien lo llevó de vuelta a Valdivia.

Era un carabinero de mar con su minipuerto en río Calle Calle hasta Niebla, Mancera y Corral.

Se hicieron amigos permanentes. También Héctor Rojas Erazo y yo.

En la inauguración de mi tránsito en el diario, Alejandro me invitó a un lugar de su infancia, entre Malloco y Talagante: El Camino del Diablo y la Cruz Olvidada.

Juntos recorrimos Chile a lo largo porque a los 24 años me designaron Redactor Jefe de “Revista del Sábado” .

Años después, en 1982, viajamos juntos al torneo mundial de fútbol, que se disputó en España. Pedí que me acompañara el especialista y amigo Julio Salviat.

Trabajamos intensamente 44 días y bajé ochos kilos.

Iniciamos nuestra labor en Asturias, específicamente en Oviedo y Gijón.

Con Alejandro volé a Barcelona para el encuentro inaugural.

De regreso, tras aterrizar, saqué mi maquinilla de escribir y se destapó.

El aparato cayó en la frente de Basualto y desde donde comenzó a manar mucha sangre.

Las azafatas españolas no supieron qué hacer, muy desconcertadas.

El gran reportero gráfico terminó su viaje en una ambulancia.