EL REPORTERO “METRALLETA

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

Soy el chileno que habla más rápido...”.

Lo proclamaba con énfasis indesmentible, egolatría sin barrera.

Escribía con inigualable velocidad en su máquina.

A veces, rompía las teclas por su energía inaudita.

Era Tito Mundt, el reportero “metralleta”.

Redactaba sus crónicas magnéticas de prisa.

El periodista no tiene derecho a aburrir al lector”, anunciaba como su escudo de armas. O de almas.

Una vez el director del diario extravió todas sus columnas en un taxi.

Mundt no se irritó y las hizo de nuevo.

El novelista y crítico Enrique Lafourcade contó una anécdota en un suplemento que yo dirigía: Mundt llegó a su oficina y le leyó diez páginas con la descripción de una tarde de toros.

Le preguntó a Lafourcade qué le parecía.

Este la encontraba excelente, salvo algunos tópicos.

!Publicalas¡” y le lanzó las páginas.

¡Todas estaban en … blanco!

El 4 de septiembre de 1970 compartí con él un micrófono de radio Santiago.

Radomiro Tomic, candidato de la Democracia Cristiana, ganó el primer cómputo en Puerto Edén.

Apelé a una metáfora, en comparación con el Paraíso.

Lo festejó.

Lamentablemente el gran orador salió tercero en la elección presidencial.

Mi extraordinaria alumna Marcela Aguilar editó el libro “Dueños de la palabra”, con los grandes maestros de la prensa chilena.

En él, Marcela Escobar retrata el carácter lúdico y atropellado de Tito Mundt.

La periodista de la Pontificia Universidad Católica recuerda que Mundt publicó Memorias de un repórter en 1965, “quizás el libro que mejor refleja su mirada periodística. Un manual de reporteo a la antigua, de una sucesión de atrevimientos, una clase magistral. Lo había escrito en plena madurez, cuando bordeaba los cincuenta y ya sumaba numerosos premios, entre ellos el Nacional de Periodismo, que obtuvo en 1957”.

Lucas Vergara Brunet editó el libro titulado “Tito Mundt, el último gran reportero”. Son sus mejores crónicas en “La Tercera de la Hora” (1955-1971).

Solo las interrumpió la muerte.

Compartía con tres colegas en el Sportman, en Estado con Huérfanos, en el piso 12.

Intentó hacer unas piruetas en la cornisa y de pronto se desbarató. Al caer, chocó con un toldo y se fue sobre un taxi.

Teniá 51 años.

Minutos antes había llamado a Kanda Jaque, su esposa, y a Barbarita, su hija.

En las crónicas seleccionadas por Vergara, Mundt escribe sobre escritores, entrevistas a primeros mandatarios europeos y a una esquina de Santiago.

De Isla Negra pergeñó: “Viven Neruda y sus mascarones de proa; brillan los focos rojos que han desfilado por todas las aguas antes de anclar en la Isla; Alfonso Leng trabaja en su música; Acario Cotapos pasea su pintoresca estampa de Juan XXIII criollo, apoyado en un bastón que parece báculo; Arturo Aldunate trabaja en su último libro; la gente juega dudo en la Hostería al borde del camino; en las noches más tiernas del verano, se encienden unas estrellas que apenas caben en el cielo de la Isla”.

Todo atrapa.

Yo lo conocí subyuga.

Conoce a Chile a fondo y en uno de sus libros viaja hasta China.

Demuestra que “el periodista no tiene derecho a aburrir al lector”.

Era el reportero “metralleta”.