CINCO ESQUINAS

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

Es un barrio oscuro, sórdido, fuerte.

Se llama Cinco esquinas y origina el título de la última novela de Mario Vargas Llosa.

Desencantado de la revolución cubana, tuvo muchos opositores para conseguir el Premio Nobel de Literatura. Pero su gran obra se impuso y se lo entregaron merecidamente.

Rotundo opositor a Alberto Fujimori, aprovecha para recrear un panorama hostil al entonces presidente y a Vladimiro Montesinos, cruel jefe de la policía casi secreta.

Lo llama Doctor.

Su creación vaga desde lo político a lo erótico y acaso pornográfico. Resalta lo peor del periodismo amarillo de su país, con extorsiones, inventos y asquerosidades. Sin embargo, lo leí con gran interés por su magnetismo y fuerza expresiva en la narración.

No se compara con otros frutos del autor porque se aproxima a una obra que intenta atrapar al lector ingenuo o que busca historias negras.

Desde la portada sugiere una relación lésbica entre Marisa y Chabela con detalles: “Mientras se desnudaban la una a la otra en silencio, se acariciaban y besaban. Aturdidas por la excitación y el placer, a Marisa le pareció, durante aquel tiempo congelado e intenso, que una delicada melodía llegaba hasta ellas desde alguna parte, como expresamente elegida para servir de fondo a la atmósfera de abandono y felicidad en que estaba sumida. Se amaron y gozaron”.

A mayor abundamiento: “No sé cómo me atreví a cogerte la mano y... -... ponérmela aquí- murmuró Marisa, buscándole, abriéndole la entrepierna, tocándole el pubis, frotándole suavecito los labios del sexo. ¿Te puedo decir que te amo?”.

En muchas páginas el dúo aparece con detalles íntimos y algo escabrosos.

El marido de Marisa es Enrique Cárdenas, empresario multimillonario e influyente.

De pronto llega a su lujosa oficina Rolando Garro, director del semanario sensacionalista “Destapes”.

Lleva fotos en las que Quique aparece desnudo en una orgía con prostitutas. Entonces amenaza con publicarlas si el empresario no acepta invertir con mucho dinero en su revista. Este lo expulsa.

Días después revienta el escándalo en Lima y en el hogar de Marisa.

Cárdenas se hunde y recurre a Luciano, su gran amigo abogado.

Lo insólito ocurre a los pocos días: Garro aparece muerto, con su rostro desfigurado.

Todos sospechan del millonario.

Vargas Llosa tiene el mérito de multiplicar las sospechas hacia él y hacia otros.

Apresan a Cárdenas y lo someten a muchos acosos sexuales y teme por su vida.

Ceferino Argüello es el fotógrafo que tomo calato a Cárdenas y guardó sus fotos por mucho tiempo hasta que se las traspaso a Garro. Julieta Leguizamon sucedió al director asesinado y continuó con su campaña de escándalos de la vida de poderosos. La llamaban Retaquita.

En otro momento Luciano le dice al empresario: “Tienes que olvidarte de ese asunto y dedicarte a engordar. Estás flaco como una espina de pescado”.

Sigue el suspenso, con detalles desorientadores, en un juego del autor.

El desenlace no puedo contarlo para que lean el libro.