LENGUA MALTRATADA

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

El idioma vive, cambia, renace.

No lo detienen las normas. Sirve para comunicarse: es dinámico, renovado, intenso.

En el prólogo de su Gramática, Andrés Bello analiza: “Hay locuciones castizas que en la Península pasan hoy por anticuadas, y que subsisten en Hispanoamérica: ¿Por qué proscribirlas?... Si de raíces castellanas hemos formado vocablos nuevos según los procederes ordinarios de derivación que el castellano reconoce, y de que se ha servido y se sirve continuamente para aumentar su caudal, ¿qué motivos hay para que nos avergoncemos de usarlos? Chile y Venezuela tienen tanto derecho como Aragón y Andalucía para que se toleren sus accidentales divergencias, cuando las patrocina la costumbre uniforme y auténtica de la gente educada”.

Nadie se libra de las faltas. Una letra que se infiltra, una coma parasitaria, un dedo que aprieta la tecla vecina y se produce el caos.

El cronista y novelista Joaquín Edwards Bello –Premio Nacional de Periodismo y de Literatura– escribió:

El castellano es una disciplina. Un idioma es una nación. Pronunciarlo bien es tan importante y demostrativo de la disciplina espiritual, como lo es para el ejército la marcha acompasada de la tropa”.

El español Fernando Lázaro Carreter, ex director de la Real Academia y autor de “El dardo en la palabra”, acusa: “Es una barbaridad. La lengua española está maltratada en los planes de estudio. Es una actitud casi suicida de la sociedad el renunciar a un idioma mejor. Someter a la población a una pobreza expresiva enorme supone separar a algunas personas para que nunca asciendan en la escala social. Vamos de mal en peor. La muestra del retroceso es que multitud de chicos, incluso universitarios, no entienden el lenguaje del profesor. Son generaciones de jóvenes mudos, que emplean un lenguaje gestual, interjectivo y de empujón. Esta situación hay que denunciarla”.

Y salió a dar palos a cacofonías, pleonasmos y obviedades.

En el libro “Juan de Mairena”, del español Antonio Machado, hay sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo. En las primeras páginas, un párrafo evocado por su inteligencia y su invitación al ahorro de palabras.

Diálogo en una clase de retórica y poética: “Señor Pérez, salga usted a la pizarra y escriba: Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa”.

El alumno escribe lo que se le dicta.

Vaya usted poniendo eso en lenguaje poético”, le dice el profesor.

El estudiante, después de meditar, escribe: “Lo que pasa en la calle”.

Sencillo, natural, espontáneo. Muchos lo olvidan y prefieren rodeos eufemísticos, engolamientos cínicos...

El libro “Defensa apasionada del idioma español” es atrapador, sin ánimo de pontificados ni dictaduras. Obra de Álex Grijelmo, autor del Libro de Estilo del diario “El País” de España, quien retrata el panorama de 22 países que hablan esta lengua.

Con él compartí un almuerzo, lecciones y cambio de libros de redacción. Con buen humor, recorrimos las calles de Madrid para corregir letreros de las esquinas.