¡EXCLUSIVIDAD MUNDIAL!

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello

Desde una casa que se asoma gratamente al mar, se escuchan la armonía de Nana Mouskouri y el temblor vigoroso de las rancheras, que hierven en el caldero del corazón de sentimentales y nostálgicos.

En el traspatio, su dueño revisa el winsurf -con tabla, vela y botavara-, el kayak, los remos, algunos instrumentos del velero y dos bicicletas para pasear en el entorno.

Es Héctor Precht Bañados, periodista trotapaíses derivado a otros oficios más prósperos, gran amante de la bahía.

Tenaz y comprensivo lector de libros de historias sociopolíticas y biografías de sus protagonistas, como el Che Guevara.

Y con razones sustantivas: en su etapa de reportero audaz e imaginativo, avanzó por cañadones hostiles de Bolivia con algunos colegas internacionales.

Precht, con una vida hecha para el peligro, llegó a un campamento en la selva.

Él tiene la palabra, con un relato excitante, documentado y propio.

Un testimonio que estremeció.

Una tarde de domingo, en la sección internacional de El Mercurio, los teletipos vomitaban su diaria carga noticiosa y José María Navasal exclamó: "Habría un supuesto foco guerrillero en Bolivia... vaya, Precht, a ver qué pasa... "
Bolivia, mucho más extensa que Chile, tiene además del conocido Altiplano un desconocido Oriente, mirando hacia el norte argentino.
Y allá murió el Che, en la escuelita de Higueras, a los 39 años de edad, el 9 de octubre de l967. En su ley, matando y muriendo.
Lugarteniente de Fidel Castro en la guerrilla contra Batista, en Cuba,1959, ya una vez en el poder se desasosegó. No era para escritorios. Era un aventurero. Fue al ex Congo. en África, en medio del sarcasmo del presidente egipcio Nasser: "Usted quiere ser como Tarzán blanco dirigiendo a los negros en su lucha por la independencia".
Al mando de un contingente cubano partió, llegó, fracasó en esa lucha (fines de l965) ... y desapareció.
Nadie más supo del Che.
Hasta que un año después, fines de l966, la orden de Navasal.
Y así aterricé, en un pueblito colonial suspendido en el tiempo, Camiri, en el Oriente de Bolivia, en donde nadie cree en guerrilleros, solo en tiroteos de contrabandistas en el monte.
Partimos con el teniente Amezaga y 15 "soldaditos" por el Cañadón de Ñancahuazu, en cuyas riberas encontramos los cadáveres de cuatro militares y un guía civil, al cabo de cinco horas de penosa marcha.
Víctimas de una emboscada, ahora eran picoteados por los caranchos.
Amezaga ordenó reanudar la marcha. Días después él mismo caería en una emboscada y su cadáver se sumaría a la creciente lista de bajas en la selva.
Hasta que llegamos a un campamento guerrillero con trincheras, comedores, bancas, bajo el techo verde de la jungla. Había sido evacuado hace poco. Y en un rincón se veía tierra removida. Escarbamos y encontramos fotos. En una de ellas, en ese mismo y exacto paraje, estaba la foto del Che Guevara, sin barba y con pipa. ¡El Che estaba en Bolivia!
Regresamos apresuradamente selva abajo, por el mismo río Ñacahuazu, con el agua hasta los tobillos o las rodillas, y ya al anochecer estábamos en Camiri. De ahí, al amanecer, en avioneta hasta Santa Cruz de la Sierra. Allá, desde Correos del Estado, el reportaje con el descubrimiento mundial del Che Guevara en el monte boliviano.
En El Mercurio la noticia era demasiado espectacular para ser verdadera proviniendo de un periodista bisoño. No fue publicada... hasta que al día siguiente fue confirmada por un reportero inglés que iba también en la expedición a Ñancahuazu.... y que no había podido despacharla hasta el día siguiente, día en que la vendió a The Associated Press y dio la vuelta al mundo, El Mercurio incluido.
¿Por qué no pudo enviarla el mismo día que yo? Porque cuando ambos aterrizamos en Santa Cruz de la Sierra era domingo y estaba todo cerrado, salvo Correos del Estado.... que funcionaba en español.