CASZELY Y OTROS RECUERDOS

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

Yo estuve ahí

Con ese título les pedía a mis estudiantes -durante años- que escribieran sus testimonios sobre un hecho de relieve que hubieran protagonizado o visto.

Es hora de evocar el Campeonato Mundial de fútbol, en España.

Como enviado especial, fui a Oviedo y Gijón, en Asturias.

Vi y temblé cuando Carlos Caszely desvió el penal frente a Austria. Era el mejor jugador de la selección chilena, junto con Elías Figueroa.

Una gran decepción para todos. El “rey del metro cuadrado” fracasó desde los doce pasos en una instancia muy importante.

En un mundial anterior, le mostraron tarjeta roja.

Dos manchas en su excelente carrera.

Nos hizo festejar con decenas de goles en Colo Colo y en “el equipo de todos”.

Pocos le perdonaron su error en la cancha de Gijón. Al día siguiente, lo entrevisté. Mi título: No llores, Carlitos.

Me ha visitado esporádicamente, después de una infiltración que me dejó inmóvil.

Un gran amigo.

Una letra ausente

La regaloneaban las autoridades del régimen militar.

Era animadora de televisión y del festival más popular de música.

La revista “Ercilla” dejó de circular durante un tiempo. Cuando reapareció, se refirió a ella. Dijo que había sido nombrada relacionadora pública. Pero cometió una grave omisión: a relacionadora pública le faltaba la “l”.

Esperé con ansias la siguiente edición.

No hubo explicaciones del semanario.

Tampoco un desmentido de la aludida.

Fútbol y arte

El periodismo de deportes cae, con frecuencia, en lugares comunes.

Se entusiasma con jugadores y emplea adjetivos desmedidos.

Hace muchos años, en unas vacaciones, leí una crónica que transitaba por los caminos de la originalidad. Rápida, refrescante y nueva.

El vocabulario huía de tópicos y atrapaba al lector con la dignidad de su prosa.

Se trataba de una nerviosa entrevista a Francisco “Paco” Molina, director técnico y antes destacado futbolista. Fue uno de los pioneros en actuar en equipos españoles.

Me intrigué: ¿Quién era el autor de ese texto? No lo relacionaba con ningún reportero de la sección y no llevaba firma.

Al regreso, supe la verdad: la narración pertenecía a Gaby Garfias, crítica de arte.

Pintora de excelencia, jamás había ido al Estadio Nacional. La enviaron en busca de algo diferente y lo hizo de manera magistral.

Era cuñada de Luis Sánchez Latorre, casado con Mimí Garfias.

El recurso de utilizar a un redactor no encajonado, es propio de célebres revistas norteamericanas y argentinas.

Personaje “tico

Fuimos en delegación periodística a Costa Rica. Debatimos sobre restricciones a la libertad durante la dictadura militar.

Corríamos riesgos porque lo sabrían los gobernantes. Los espías estaban en todo lugar.

Una mañana trepamos al volcán San José, en el auto de un exiliado.

Paseo grato.

De regreso, tuvimos un desperfecto mecánico. Paramos en un pueblecito. Mientras el conductor se comunicaba a la capital, vi a un hombre algo gordo, contemplativo.

Inmediatamente lo identifiqué como un “tico” rural. Hablaba en un lenguaje muy ajeno al nuestro y sobre su cabeza llevaba un sombrero con tejido de mimbre.

Me contó anécdotas propias de la zona.

De pronto, me sorprendió con una pregunta: “¿Ustedes son chilenos?”.

¿Cómo lo sabe?”, contrainterrogué.

Porque yo también´”, fue su insólita respuesta. Pícaro y popular, me narró que era de Valparaíso y que había escapado con un circo... en la jaula de un mono.