EL SABOR DE LA LIBERTAD

Columnista invitado: Daniel Lillo Cuadra

Me gusta saborear la Libertad

tras sentir la amargura

del agrio sabor a Dictadura.

Me gusta saber que no hay tortura,

ni asesinato aleve, exilio,

persecución cobarde,

toda esa perversa locura.

Me gusta caminar en Democracia

ya nunca más pisoteada

por el autoritarismo

ni la aristocracia.

Me gusta disfrutar de la madrugada

sin el Toque de Queda abusivo,

visitar a la persona amada

sin ocultarme de la patrulla armada.

Me gusta reunirme con mis amigos

sin despertar las sospechas

del Dictador y sus sicarios.

Me gusta comentar a mis anchas

lo que sucede en mi país

sin represión ni censuras.

Me gusta despertar libre y sin temores

saber que los gritos en la noche

son solo de un noctámbulo emborrachado,

que los golpes en mi puerta

son solo de un vecino trasnochado.

No es lo mismo reunirnos como entonces,

en una iglesia, en un parque solitario,

en un cumpleaños o un funeral.

Me gusta saborear la Libertad,

es un gusto delicioso,

que tras los largos años de amargura

no pudimos olvidar.

La herida ya no sangra, pero la cicatriz perdura,

la muerte y el dolor, ya no se ven pero se sienten.

Los culpables aún mienten ante la verdad madura.

La dictadura tiene sabor a miedo,

a rabia contenida, a insulto sin expresar,

a inclinarse ante la fuerza,

a obedecer sin pensar.

Puede que hoy aún falten muchas cosas,

que las expectativas todavía sean muchas,

puede que algunas esperanzas sobren,

pero podemos saborear la Libertad.

Valparaíso, 5 de Octubre 1991