Pionero en la búsqueda de “un espacio estimulante, abierto, tolerante, comprometido, respetuoso, multicultural e intelectualmente desafiante

Columnista invitado: León Guzmán

El pasado 11 de junio, la UDP rindió un homenaje a Domingo Asún, director fundador de la Escuela de Sicología, nombrándolo Profesor Emérito. En esa ocasión el sicólogo León Guzmán, primer Presidente del Centro de Alumnos de la Escuela, habló de su relación con Domingo en tiempos difíciles.
Con motivo del fallecimiento del profesor Asún, nos parece adecuado reproducir aquí esas palabras.
Queridos Amigos

Hace unos días, conversando con Domingo en el living de su casa, tuve una de esas sensaciones que llamamos Deja vu. Esa certeza de estar viviendo algo que ya había vivido. En este caso hace más de 30 años, 32 para ser más exacto.

Y tomado por un estado crepuscular, o como diría un psiquiatría para tratar de impresionar a sus alumnos, en un estrechamiento tubular de mi consciencia, volví a 1983.

A ese momento donde diría Darwin, nació la especie que hoy conocemos como los Portalianos.

Eran otros tiempos. Un país tensionado, dividido, sacudiéndose en medio de una Dictadura que llevaba diez años y en cuyo seno nacían las Universidades Privadas. Concebidas principalmente como una forma de preservar y multiplicar el modelo de sociedad que buscaba heredarnos el Gobierno militar.

Y para más remate, esta casa de estudio se llamaba Diego Portales. Todo mal para los que algo sabíamos de historia.

En ese mundo nos recibió el Director Domingo Asún, a los 120 primeros alumnos de la naciente Escuela de Psicología de la UDP. Psicólogo de la Universidad de Chile, dirigente del Colegio de Psicólogos de Chile comprometido profundamente con los DDHH, Psicólogo Social comprometido con el cambio social y jugador de fútbol y Rugby (pasiones que compartimos)

¿Qué hacía Domingo ahí? ¿Qué lo motivó a emprender esta tarea con el enemigo? ¿Era una traición a sus principios? Muchos de sus colegas se hicieron estas preguntas

Creo que fue precisamente su coherencia la que lo impulsó.

Su profunda convicción en la necesidad de hacer un cambio en el Chile de aquel entonces.

Su convencimiento de la necesidad de volver a generar un espacio Universitario estimulante, abierto, tolerante, comprometido, respetuoso, multicultural e intelectualmente desafiante que no estaba disponible en las Universidades traiciónales todas ellas intervenidas.

Y principalmente su coraje de saber que las batallas se ganan desde adentro, dándolas, y no desde la tribuna. Aunque el tiempo me hace volver en los recuerdos a lo principal, la historia tuvo muchos sabores y sin sabores.

Fui el Primer Presidente del Centro de Alumnos de la Escuela de Psicología y todavía recuerdo que nos pasamos un año sin hablarnos con el “Director Asún” por nuestras diferencias. Entiéndete con el Secretario Académico me decía. Domingo necesitamos ver este tema. OK nos juntamos a las 2:00 de la mañana en mi oficina en la escuela (mítico reducto, conocido solo por muy pocos) donde se especulaba había hasta una ducha….Pero cómo Domingo, es sábado ¿A las 2 de la mañana? Tómalo o déjalo.

Domingo me perdí un poco en lo que dijiste en la clase. De las tres variables que definían la interacción social, la segunda tenía cuatro condicionantes que derivaban en otros tres ejes de pensamiento que redefinían la primera variable y anulaban la tercera. ¿Me lo podrías explicar de nuevo?

¿Cómo te fue con Manuel Montt? ……… PIPPPPPPPP estamos cagados, esto no tiene vuelta.

No voy a permitir que la Universidad de Chile nos trate como si fuéramos profesores y alumnos de segunda clase- ¿Qué se han creído?

Conversando es su living me volví a encontrar con este hombre y el pedazo de historia que nos tocó compartir y que me marcó profundamente en lo personal y profesional a mí y a muchas otras generaciones de psicólogos y profesionales de la salud.

Hoy te hacemos un justo y merecido reconocimiento y te deseamos que sigas enfrentando tus desafíos con la misma entereza, coherencia y coraje que nos enseñaste y que has mostrado en tú vida.

Termino dedicándote esas bellas palabras que tantas veces recitamos en peñas y encuentros en la Escuela de Psicología.

Hay hombres que luchan un día
Hay otros que luchan un año
Hay quienes luchan muchos años
Y son muy buenos.
Pero hay los que luchan toda la vida:
Esos son los imprescindibles.
Y son buenos.
Y son mejores.
Bertolt Brecht