EL CAMINO A SANTIAGO DE COMPOSTELA.

Columnista invitado: María Paz Santibáñez

UNA PEREGRINACIÓN QUE SE INICIA CUANDO SE CIERRA LA PUERTA DE LA CASA

Desde los principios de la historia del hombre se ha dado la necesidad de caminar… de peregrinar…” con estas palabras inicia una gigantografía sobre el Camino de Santiago, que adorna las paredes del albergue en Mansilla de las Mulas, un pueblo que se encuentra en el camino a la tumba del apóstol Santiago en Compostela. Aún faltan 300 kilómetros por caminar, he avanzado 384 kilómetros.

En Santiago de Compostela, se encuentra la tumba del Apóstol Santiago (El Mayor), uno de los primeros en recibir el llamado de Jesús para ser “pescadores de hombres” y también el primero en morir por la fe al ser martirizado por Herodes Agripa I. Desde mediado del siglo IX existen antecedentes de peregrinos que se dirigen a esta ciudad.

Cuando indagaban por qué hacia el Camino, me comentaban sobre los coreanos que realizaban el camino motivados por el libro de Kim HYo Sun, por tanto, inmediatamente me preguntaban si lo hacía por el libro de Paulo Coelho - el cual no quise leer para no prejuiciarme-. La realidad es que el primer conocimiento que tuve del Camino fue por una serie de TV emitida por antena 3 en España, luego en mis lecturas de la ”Revista del Domingo” de El Mercurio y finalmente de las interminables conversaciones que tuvimos con Don Luis Suazo, ilustre vecino de San Antonio que hoy no está con nosotros, sobre el sueño de realizarlo.

La experiencia de realizar el camino es una de las situaciones más maravillosas e increíbles que uno puede vivir. Toda descripción que pueda hacer sólo minimiza esta vivencia de caminar por verdes praderas, subir colinas o atravesar bosques con especies autóctonas; saciar la sed en fuentes de las cuales emanan sabrosas y frescas aguas, y también vino - en Iratxe-; imponentes amaneceres en O´Cebreiro, observar la belleza del vuelo de las aves en Castilla, cruzar los caminos bordeados por ovejas y vacas que pastan plácidamente. En las grandes ciudades uno conoce las imponentes catedrales de Burgos y León, y como profesora de Lenguaje además tengo el placer de pasar por los caminos del Cid y Don Quijote. Todo esto acompañado con la sonrisa de los habitantes de cada pueblo o ciudad que animan con un “buen camino” y con hospitaleros que acogen a los peregrinos que llegan al albergue después de una intensa jornada.

El camino no está exento de dificultades que se inician con la época elegida para realizarlo, otoño e inicios de invierno en Europa, caminar 684 kilómetros que oscilan entre los 300 y los 1500 metros de altura, que uno puede ascender rápidamente en 10 kilómetros; largas distancia con arcilla, lluvia o simplemente con la infinitud del vacío como compañero. Además los albergues empiezan a cerrar por lo tantos algunas veces es necesario, obligatoriamente, extender la caminata hasta los 34 kilómetros (que es el máximo que hice). Lo anterior permite coronar algunos momentos con la pregunta ¿qué estoy haciendo aquí?.

Entonces uno se cruza con un peregrino que lo anima a continuar, comparte un bocadillo o una conversación cuyo idioma dependerá del origen de éste, y nos permitirá descubrir una belleza nueva en el paisaje.

A todo lo anterior, que ya hace sentir la bendición de poder realizar este camino, se suman los amigos que uno va conociendo; personas que han salido de sus casas con la Fe y la inquietud de visitar la tumba del apóstol, también muchos españoles con la cesantía que afecta al país, y muchos extranjeros maravillados por las imágenes de libros y la red.

Me permito comentar la historia de dos peregrinos, amigos del camino, cuyos gestos me conmovieron y muestran la simpleza y maravilla del alma humana.

Hiro, inició su camino en Le Puy en Velay, un municipio francés situado en el departamento de Alto Loira y en la región de Auvernia. Estudiante de historia del arte medieval visita las iglesias con contemplativa curiosidad, conoce a Fernando, un francés de padres españoles que parte del mismo lugar, pronto se hacen camaradas. En Burgos Hiro detiene su camino para visitar durante dos días a sus amigos de Bilbao, en esa etapa ha caminado un poco más de 1000 kilómetros. Cuando concluye su visita, no sólo vuelve a Burgos para retomar el camino, además avanza casi 40 kilómetros diarios para alcanzar a su amigo y así continuar juntos el viaje.

Jonás, un joven argentino que vive en Ibiza, camina cada día como si fuera un desafío; varias veces nos topamos mientras más jugaba con los bastones que se apoyaba. Un día, después de reunirse con su padre en Foncebadón descubrimos que “su camino” tiene un compromiso, está apoyando a “Casa Macuca. Conin” organización que trabaja sobre el riesgo social y nutricional. El año 2011 había recorrido en bicicleta desde La Quiaca a Ushuaia, como dice en su página “Recorrió a pedal 5.640 kms en 61 días, 61 etapas de aproximadamente 90 kms”. Un ejemplo, no solo de un joven comprometido con la sociedad, sino además desde la distancia conectado con sus raíces en Córdoba.

Cuando uno termina el camino recibe “La Compostela”, documento del Cabildo Catedralicio de Santiago que certifica la peregrinación a pie o en bicicleta por el Camino de Santiago por motivos religiosos o espirituales a Santiago. Para conseguirla, se debe mostrar la credencial, donde se ha ido sellando y poniendo la fecha a lo largo del Camino, como por ejemplo en los refugios en los que se ha dormido, dos veces por día. Para conseguir la Compostela se ha debido llegar a Santiago tras peregrinar los últimos 100 kilómetros andando o 200 en bicicleta, como mínimo.

Sin duda, la mejor parte es cuando se llega junto a 14 amigos, a Santiago, con la emoción de haber visto las puntas de las torres catedraliceas desde Monte do Gozo, los últimos metros acompañados por los vibrantes sones de la gaita cuando se cruza el arco del Palacio por un pasadizo para llegar a la Plaza Obradoiro y enfrentarse la la majestuosa Catedral de Santiago de Compostela. Compartir el abrazo con amigos como Hiro, Fernando, Raquel, Jonás, Claudio, Fulvio, Rafaella; no sólo permite expresar la satisfacción de haber logrado la meta, es la alegría de haber formado una comunidad.


Amanecer desde Ocebreiro


Villafranca Montes de Oca


Camino a Logroño, pasado ermita


Vista al valle del rio y al final Burgos


Laguna de las cañas, camino logroño


Montes de Oca


Camino a Ages


Camino a Pedrouzo, quedan menos de 40 kilometros


Llegada a Compostela