¿Es lo que hay?

Columnista invitada: Leila Gebrim Kozac
leilageb@yahoo.com.br

Ya no tolero la alegría fingida del dieciocho ni la bondad, una vez al año, de la Teletón. No es culpa de las fechas, es culpa de nuestra desfachatez.

Han insinuado, delicadamente como suele ser, que me he ablandado. Que estoy poética, no que soy poeta. Eso sería un piropo. Nada que ver, lo que pasa es que me fastidié. Cuando parte del país decide que la verdad está encerrada en uno, "Es lo que hay", encuentro que no hay nada que hacer.

Puesto que creo que ES lo que se ES y no lo que HAY, estoy en ruta de colisión con medio Chile. Bacán diría un adolescente, que adolece de falta de golpes, de la vida, no de puños.

Yo, que tengo de sobra ambos tipos de vivencia, sigo tranquila mi camino hacia el olvido, total, nadie me puede censurar, me puse yo misma la peor mordaza que puede existir, la de no decir algo que está más que "mal dicho", en cualquier lugar, temperatura, ámbito, por obvio. No por temor.

Hace mucho que descubrí que la patria es uno, que la consecuencia es el único camino que puede llevar a algún lado, que las luces y los brillos duran lo que dura un cambio climático y que llorar sobre la leche derramada no sólo es falta de tino sino de sentido, común o no, pero sentido.

Lo que ya es mucho es estos tiempos de hambruna de humanidad. Hace falta algo que nos desangre a todos, al unísono, de Arica a Magallanes. Ya no tolero la alegría fingida del dieciocho ni la bondad, una vez al año, de la Teletón. No es culpa de las fechas, es culpa de nuestra desfachatez. O todos somos una manga de tontos, incluyéndome a mí en primerísimo lugar, o Chile con todo su non plus ultra está invisible.

Acá tienes que demostrar que no eres lo que hay antes de ser lo que eres, cuando lo que realmente importa es lo que eres. Eso nadie te lo pregunta, es más, es de total mal gusto hablar de cualquier cosa que vaya un poquito más allá de las apariencias.

Somos como un círculo vicioso que traga a otro círculo, que va tragando otro. Un ovillo de intereses, nombres repetidos, acurrucados unos junto con otros, no por afecto sino por conveniencia.

Hablar de los miedos, los fracasos, reconocer errores, te hace un paria, un fracasado. Hablar de ¿has pasado miedo, hambre, frío, dolor, soledad?, algo que te haga humano, importa una mierda. Al que quiera entender, no le falta un ápice de interés, pero acá en el terruño todos alabamos a los que hablan dificilito o no hablan.

Pero, por favor, nada de vulgaridades, como decir "es que nadie entiende que estoy chato(a) de escuchar disculpas que culpan al otro y nunca a sí mismo...". Es como si a este país lo hubiese parido la nada misma. ¿Qué colono y qué colonizadores? Somos como seres hechos en el puro pensar, deseo de existir entre la cordillera y el mar. Nadie se hace responsable de nada. Terminamos en puros clichés.

Si alguien más me comenta que somos lo que hay, sonriendo cínicamente, soy capaz de perder la poca compostura que me va quedando, porque lo que veo es que muchos somos lo que somos; sin embargo, es difícil serlo cuando no existe espacio para disentir ni discutir con respeto y madurez.

Faltando poco para su bicentenario mi país adolece de falta de seriedad y de madurez para mirar su pasado y construir, de verdad y sobre la verdad, un Chile donde se baile una verdadera y real cueca por la libertad.

Publicado en La Nación, el viernes 19 de septiembre de 2008