La voz de la Presidenta

Invitada: Presidenta Michelle Bachelet

Palabras de Michelle Bachelet en la ceremonia de Entrega de Premios Nacionales 2017.


Amigas y amigos:

Ésta es la última vez que tengo el honor de entregar los Premios Nacionales, reconocimiento creado para hombres y mujeres que han dejado una profunda huella en nuestra patria, personas que con su obra, su trayectoria y transmisión se han ganado nuestra admiración, gratitud y respeto.

En cada ocasión se instala la emoción y el respeto sincero, propio de los actos de justicia y del homenaje de la República a quienes tanto les han aportado.

Y hoy ha vuelto a ocurrir.

Se ha silenciado por un momento el ruido de lo vano, lo superfluo, para que prevalezca el agradecimiento de Chile a quienes lo han engrandecido.

Sí, en estas distinciones hay un país que se mira y que valora debidamente lo que tiene.

Porque aquí están los actores de un pedazo de nuestra historia, de nuestra identidad, que nos permite mirar el mundo desde lo que somos.

A partir de sus disciplinas o campos de trabajo, pero sobre todo a partir de una pasión que los ha guiado por años, ustedes nos han invitado a que los sigamos en su exploración del conocimiento, de la cultura y de lo que se puede alcanzar cuando hay entrega y vocación

Es el caso de Guido Garay, Premio Nacional de Ciencias Exactas, que desde muy temprano se dejó llevar por la curiosidad que le despertaban las estrellas. Su excelencia, dedicación y pasión representan fielmente a nuestra comunidad científica, que no teme ponerse a la vanguardia del conocimiento mundial, pero sin perder su deseo de formar nuevas generaciones con entusiasmo y generosidad. Así como la astronomía le debe numerosos avances en el estudio del proceso de formación estelar, sus estudiantes han encontrado en él un maestro sencillo y lúcido. Es el mejor camino para que crezca nuestra historia.

Paz Errázuriz, Premio Nacional de Artes Plásticas, comparte esta capacidad para descubrir lo que esconde la oscuridad. Sus lentes nos han llevado por mundos que permanecían cerrados y lejanos para el común de los ciudadanos, mirando con delicadeza, pero sin dobleces, el dolor de muchos de nuestros compatriotas más olvidados. Los pacientes siquiátricos, los boxeadores, los travestis, los habitantes de los canales australes, encontraron en la fotografía de Paz Errázuriz un espacio para seguir siendo quienes eran. Su arte, además, ha tenido el valor de inspirar e informar creaciones de otros ámbitos, como el teatro y la literatura. Y es una alegría adicional que sea la primera fotógrafa en recibir este galardón.

El Premio de Artes de la Representación y Audiovisuales va merecidamente para Alejandro Sieveking Campano. Basta mencionar “Parecido a la felicidad”, “Ánimas de día claro” –primera obra de teatro que yo vi cuando estaba en el colegio–, “Tres tristes tigres”, “La remolienda”, “La mantis religiosa”, para hacerse una idea, muy somera, de su importancia en la escena nacional. Y eso, sin considerar siquiera su aporte como actor de teatro y cine, como director, como guionista de televisión. Once años de exilio en Costa Rica no pudieron apartarlo de su tierra.

Permítanme, además, expresar mi admiración por la pareja que han conformado junto a la querida Bélgica Castro: no sólo tienen ahora cada uno un Premio Nacional, sino que han construido una relación de una solidez conmovedora, que Sieveking sintetizó una vez en una sola frase: “Ella se ríe con mis chistes aunque sean malos, y eso me hace muy feliz”.

Elizabeth Lira, Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales, ha dedicado su vida a comprender y acompañar al ser humano. Con valentía ha conocido sus abismos y entereza, poniendo siempre su sencillez e inquebrantable humanidad al servicio de la dignidad. Encontró en la psicología y la investigación las armas para ayudar a las víctimas de los atropellos a los derechos humanos, contribuyendo a que la memoria y la ética terminen por imponerse. La dignidad de las personas, los procesos sociales que la reafirman o niegan, la historia de la memoria, el olvido y la reconciliación como nación, han sido el objeto de su indagación científica. Pero permítanme formularlo así: no de cualquier ciencia, sino de una compasiva y, a la vez, activa. Elizabeth Lira ha hecho ciencia poniendo los ojos en el corazón del otro, de todos los otros, y ha transformado esa mirada en acompañamiento, en apoyo y consejo.

El compromiso con los derechos humanos, la investigación que nunca se aleja de la acción, es también una constante en la labor de Abraham Magendzo, Premio Nacional de Ciencias de la Educación. Con su mirada crítica y la profundidad de su reflexión, ha enriquecido las políticas curriculares, restituyendo a la educación su sentido democrático y su responsabilidad en la formación de personas iguales en dignidad y derecho. Su obra enaltece la función docente y nos ofrece respuestas imprescindibles para construir ese país más inclusivo que anhelamos. Su trayectoria no puede entenderse sin ese deseo de aportar a una educación que redefine sus contornos, sea en una población, sea en un foro internacional, o sea en las aulas.

Alberto Gamboa Soto, Premio Nacional de Periodismo, es el autor de algunos de los titulares más recordados de la historia de la prensa chilena. Recordemos sólo uno de ellos: “Corrió solo y llegó segundo”, que apareció en grandes letras rojas en la portada del Fortín Mapocho el 11 de octubre de 1988, con un epígrafe que decía “los fanáticos del sí olvidan que…”.

Y aunque cuesta elegir un solo episodio en la larguísima y fecunda trayectoria del querido Gato Gamboa, esos meses de 1988 contribuyeron sin duda a terminar de cimentar su leyenda. Una leyenda que se remonta a Clarín, y que incluye episodios especialmente duros, como su “viaje por el infierno”, como él mismo llamó a su paso por los campos de concentración de la dictadura. Pero el Gato, afable, buen conversador, de mente amplia y de gran corazón, no alberga ningún odio y ha seguido calladamente dando lecciones de periodismo en un tiempo en que hace tanta falta ese apego a la verdad que marcó a los reporteros de la vieja escuela, como él.

Éstos son nuestros Premios Nacionales 2017, personas valiosas, profundamente humanas.

Este año, además, los galardonados tienen algo en común: un cierto inconformismo, un deseo de ver más allá de lo evidente. A lo mejor más que un cierto inconformismo, pero bastante inconformismo, pero un deseo de ver más allá de lo evidente. Aquello que no nos hemos detenido a ver, porque no sabemos o nos duele saberlo.

Estas dos mujeres y estos cuatro hombres han tenido el talento y la generosidad para sacar lo que está en las sombras y ponerlo a disposición de sus compatriotas y del mundo.

Hay una belleza innegable en este gesto: el respeto y el amor por el otro.

Quiero rescatar esta opción, porque como sociedad nos hemos ido encerrando en el individualismo y en el desinterés por los demás, por los que no forman parte de nuestro entorno más inmediato. La desconfianza nos ha aislado.

Por eso, su contribución está más vigente que nunca. Los necesitamos.

Los necesitamos para construir comunidad, para seguir rescatando ese Chile profundo, que no se encandila con lo artificioso, ese país que se maravilla con sus cielos, con una buena pluma o con la nobleza de enseñar. Ese país que tiene conciencia de sus heridas, pero también de sus enormes posibilidades.

Los necesitamos para que hagan oír su voz, para que provoquen, para que estimulen la reflexión sobre el vínculo fundamental entre ciencia, arte y desarrollo, para que dejen su impronta en la nueva educación que estamos construyendo entre todos.

Porque vivimos momentos de definiciones, donde las preguntas son sobre el tipo de sociedad en la que queremos seguir viviendo, o el lugar que damos a valores como la libertad, la tolerancia, la solidaridad, para superar las visiones simplistas, mecánicas, que sólo ven la estrechez de los beneficios y las transacciones.

Nos hace bien ver en ustedes, en sus trayectorias, que hay opciones que nunca abdican, que hay verdades que terminan por imponerse. Ustedes nos han mostrado lo que se puede hacer, nos han recordado que, si queremos, podemos correr la línea de lo posible e imaginar otros mundos.

Por todo eso y por tanto, felicitaciones y muchas gracias.