Infatigables muñecos

Columnista invitada: Ana María Allendes
Presidente Unima-Chile
Fundadora de Famadit, Fundación para la Dignificación del Teatro de Muñecos

 

Larga es la historia de los títeres y las marionetas. Los muñecos articulados, sean de guante, de hilos, de varilla o de sombras, son populares a lo largo y ancho del tiempo y del mundo.

En la antigua Grecia fueron comentados por Aristóteles y Platón. En la Edad Media sirvieron para la formación de los fieles. En Europa, en el siglo XIX, se les celebraba tanto en salones como en las plazas de los pueblos más pequeños. Hasta ahora constituyen una sólida tradición en Japón y hace un año en China se organizó un encuentro a nivel mundial. En Chile la tradición vive y sobrevive, tanto en Santiago como en otros lugares, especialmente Concepción, cuyas compañías fueron duramente golpeadas por el terremoto del 27-F. También se renueva: recordemos que en el reciente Festival de Viña del Mar los protagonistas de “31 minutos” tuvieron una actuación estelar.

No solo eso. Los títeres han sido utilizados por Carabineros y la PDI para enseñar cuidado personal y prevención especialmente a niños en riesgo social. En lo personal, debo mencionar la aplicación de las teorías del Dr. Reuven Feuerstein sobre modificabilidad cognitiva, y los cursos realizados en la Universidad Diego Portales.

Esta variedad de experiencias explica por qué la Unión Internacional de la Marioneta, fundada en Praga en 1929, pese a los azares políticos (la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría), goza hasta hoy de buena salud. Su sede actual está en Francia, en Charleville-Mezieres. Esta vitalidad es la razón por la cual, aparte de múltiples actividades de presentaciones en Festivales, coordinación y formación de titiriteros, ha organizado la celebración, cada 21 de marzo, del Día Internacional de la Marioneta.

Aunque para muchas personas, el arte de los títeres es solo una entretención para niños, es una arte que desborda el mundo infantil y no es solo un tema de nostalgia.

Hace unos años, en pleno régimen militar, tuve la posibilidad de montar “Mariana Pineda”, la obra de Federico García Lorca.

Resultó un grito de libertad en tiempos difíciles y así lo entendieron los espectadores, incluyendo, especialmente los pobladores de La Victoria que colaboraron conmigo en la confección de las marionetas. Muchos lloraron el día del estreno.

Títeres y marionetas son un gran aporte en la formación de los niños. Pero también –como toda obra de arte- enriquecen el alma y el espíritu de los mayores.