El horror de Guernica

El próximo miércoles 26 de abril se cumplen 80 años del bombardeo de Guernica. El pequeño poblado vasco, a 80 kilómetros de Bilbao, y sus siete mil habitantes, se convirtieron entonces en el símbolo de la tragedia que se estaba incubando en Europa. Eran los primeros meses de la guerra civil en España cuando las fuerzas internacionales empezaban a alinearse con los partidarios de la República o las fuerzas de Francisco Franco.

Los regímenes occidentales, pese a su declarada adhesión al gobierno democrático de la República, no querían comprometerse. En cambio, la Unión Soviética por una parte, y Alemania nazi e Italia fascista, por otra, volcaron desembozadamente su esfuerzo en apoyo de Franco. Aparte de que le tenían simpatías al Caudillo, veían en el conflicto español una oportunidad para probar nuevas armas y nuevas estrategias.

Según Hugh Thomas, el más destacado historiador de la Guerra Civil, la importancia del pequeño poblado vasco de Guernica consistía en que era “celebrado, desde antes que comenzaran a escribirse las historias, como la patria de las libertades vascas. Ante su famoso roble, los monarcas españoles o sus representantes, juraban respetar los fueros vascos”.

Pese a que ya habían ocurrido bombardeos en otros lugares de la Península, Guernica nunca había sufrido ninguno. Por ello es de suponer que cuando sonaron las alarmas, a las cuatro y media de la tarde, nadie pensó que esta vez el blanco serían su pueblo. Diez minutos después se desencadenó la tragedia. Primero llegaron los Heinkel 111, que bombardearon la ciudad y luego ametrallaron a quienes estaban en las calles. Los siguieron los Junker 52. Eran todos aviones alemanes tripulados por pilotos alemanes. Integraban la Legión Cóndor que había llegado apenas un mes antes a España.

Fue el gran ensayo de lo que sería la guerra aérea en el conflicto mundial que se aproximaba. Aparte de sus propios habitantes, la ciudad estaba rebosante de refugiados. El centro, anota Thomas, “quedó completamente destruido y envuelto en llamas”. Murieron 1.654 personas. Heridas quedaron 889. El simbólico roble salvó ileso.

Antes de 1937 hubo otros bombardeos desde el aire no solo en España, pero el de Guernica inauguró una técnica perversa, destinada a generar un daño sistemático en la población civil. Ello explica que inicialmente franquistas y alemanes negaron cualquier responsabilidad. Se llegó a establecer como verdad oficial que los propios habitantes de Guernica habían incendiado la ciudad. Solo al final de la II guerra mundial hubo mayor claridad: ya detenido, el mariscal Goering confesó que Guernica había sido un terreno de pruebas.

El bombardeo fue, al mismo tiempo, el detonante de una reacción mundial de repudio. Sin saber los horrores que se verían en los años siguiente, Pablo Picasso retrató lo ocurrido como una visión de horror apocalíptico. El resultado, plasmado en “Guernica”, su famoso cuadro, constituye hasta hoy una desgarradora denuncia de la crueldad humana. Quizás, la más dura hasta ahora.

A. S.
Abril de 2017
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas