Editorial:

A la hora de votar

Santiago, 29 de Octubre de 2017

El comienzo de la franja electoral y la reciente encuesta CEP, nos confirman lo obvio: la carrera presidencial y parlamentaria está llegando a la meta. Aunque, a la luz de los sondeos de opinión, parece haber pocas dudas, la prudencia aconseja cautela. Así lo reiteran los responsables de la campaña de Sebastián Piñera, pese a que ha punteado las cifras desde el comienzo.

Los números nos obligan siempre a mirarlos con sano escepticismo.

Las encuestas, que en su momento de gloria parecían infalibles, ya no lo son. Casi nunca lo han sido. En 1948 Gallup predijo la derrota de Harry Truman en las elecciones norteamericanas. Se equivocó rotundamente. Desde entonces, se recomienda considerar las encuestas solo como indicadores importantes, pero no absolutos. No hay que olvidar que lo único que importa son los resultados en las urnas. En nuestro tiempo, la situación se ha hecho más compleja debido al prodigioso desarrollo de las comunicaciones y la desordenada proliferación de las redes sociales. Ni siquiera hay certeza acerca de si quienes emiten opiniones, a menudo con impresionante desparpajo, están dispuestos a votar.

Hay que considerar también la existencia de electores que, según las condiciones climáticas, van a decidir entre ir a votar o partir a un paseo familiar.

En los últimos días, además ha resurgido la eterna pregunta acerca de lo que ocurrirá con los indecisos y quienes dicen no saber por quién votar. Es un porcentaje importante dado que el voto no es obligatorio. También es un factor que pone a prueba cualquier pronóstico.

A ello se suma, como lo hizo notar el periodista John Müller, un fenómeno imposible de medir: el voto oculto de los que no dan a conocer sus preferencias. Sus razones son múltiples, incluyendo la tendencia de los que no se arriesgan a ir en público contra la corriente.

Y, para ser justos, hay que añadir a la lista de imponderables el efecto mismo de la campaña. Personalmente creo que, más allá de su factura (en algunos casos muy buena) no hay cómo anticipar el fruto concreto de la franja en TV. Hay candidatos que ponen el énfasis en sus historias personales. ¿Será, de verdad, lo que queremos saber los electores? ¿O, aunque parezca ingenuo, no debería interesarnos más informarnos de sus propuestas concretas?

A todo lo anterior hay no se puede ignorar un dato crucial: la mayoría de los votantes cree que el próximo presidente será Sebastián Piñera. Es una poderosa certeza que se instaló desde el comienzo de esta batalla. Se reforzó luego que Ricardo Lagos se quedara sin piso electoral.

En lo personal, en este revuelto río de electores y candidatos, lo que más me impresiona es el trasfondo de valores en juego. Es parte de una ingenuidad personal: nunca he creído en las descalificaciones personales ni en el exceso de adjetivos. Me incomoda aquello de que en la guerra y en el amor (y en las elecciones), todo está permitido.

Por eso, si a alguien le interesa saberlo, mi voto será para Carolina Goic, cuya insistencia en la importancia de la ética me motiva profundamente y me llena de esperanza.

Abraham Santibáñez