Editorial:

Oportunidades perdidas

Santiago, 03 de Septiembre de 2017

El cambio de gabinete se veía venir. Por varios días el público desencuentro dentro del gobierno, en el cual la Presidenta tuvo un papel destacado, hacía imposible la continuidad del ministro de Hacienda.

Aunque se ha repetido que nunca tuvo los apoyos necesarios, estaba claro que sacarlo de su sillón y reemplazarlo no era un ejercicio simple. El inminente final del período presidencial era de por sí una buena razón para no hacer cambios. Pero, adicionalmente, se han estado acumulando proyectos en el escritorio de la Jefa de Estado y hay, además, una ley que habitualmente requiere un buen esfuerzo y un alto grado de dedicación: el presupuesto para el próximo año.

Pese a las especulaciones, no ha quedado claro todavía por qué la Presidenta decidió lo que decidió finalmente: aceptar la renuncia del ministro Valdés y agregar, además, al ministro y al subsecretario de Economía. En sus primeras declaraciones, el viernes, esbozó una explicación: “Yo siento que, lamentablemente, la política se ha transformado mucho en proyectos más individuales que en proyectos colectivos”. ¿Crítica? ¿Autocrítica?

Aunque, como Mandataria, suya es la responsabilidad en la conducción de los asuntos de Estado, hay muchos otros aspectos que complicaron su gestión. No es cuestión de “mala pata”, como se dijo. En lo personal no cabe duda que el caso Caval la afectó profundamente en lo emocional. Pero tampoco es toda la explicación de los problemas presentados. La raíz, que cada vez parece más clara, está en la conformación de la Nueva Mayoría. La Concertación, una coalición que produjo estabilidad y progreso en un largo período, estaba evidentemente agotada. Pero su reemplazo generó más problemas de los previstos. El papel del Partido Comunista, con su política ambigua de mantener un pie en La Moneda y otro en la calle, produjo más problemas que avances. Ello, por lo demás, augura peores problemas para un eventual gobierno del senador Alejandro Guillier.

En el del gobierno, la influencia del G-90, un grupo de ambiciosas teorías pero poca práctica, no ayudó mucho. Al contrario fue generando heridas y resentimientos que terminaron por pasar la cuenta.

Cualquiera sea el resultado de la elección presidencial, terminará por imponerse una lamentable convicción: pese a sus muchos avances, el gobierno de la Presidenta Bachelet quedará marcado con la impronta de las oportunidades perdidas.

Abraham Santibáñez