Editorial:

Igual o peor que la “vieja” política

Santiago, 20 de Agosto de 2017

En menos de una semana, el Frente Amplio logró una cobertura sin precedentes en la prensa nacional. Pero, al revés de lo que planteó en su momento el comando de Alejandro Guillier que se quejó del silencio comunicacional, los partidarios de la candidata Beatriz Sánchez resintieron tanta popularidad.

La razón es obvia: el conglomerado, que llegó incluso a las primarias para designar a su representante en los comicios presidenciales, mostró, en breve lapso, sus peores falencias. “Arrogancia” fue el término más empleado, junto con la acusación de impericia política y, lo peor, de haber caído en los mismos vicios que habían denunciado. Podría parecer una simple reiteración de lo dicho por sus adversarios desde su irrupción en política. Pero lo sorprendente es que son expresiones utilizadas por los propios voceros y dirigentes del Frente Amplio. Salieron a luz sin pudor en el intenso período de autocrítica que siguió a la negativa de llevar a Alberto Mayol como candidato a diputado.

Como se recordará, la crisis se hizo pública luego de una decisión in camera de la dirigencia del FA. Fue fundamentada en una grabación -ni siquiera escuchada en la instancia- que una candidata consideró abusiva y machista. A continuación se desató el escándalo por razones fáciles de entender. Mayol dio a conocer por su cuenta dichas grabaciones. Se las consideró unánimemente como “duras” pero habituales en los debate políticos, sobre todo cuando se trata de conversaciones privadas. De ahí en adelante, el Frente Amplio o se retractaba o arriesgaba un daño irreparable.

Como ha sido siempre en política -nueva o vieja- se impuso la lógica elemental. Mayol será candidato, enfrentando precisamente a Giorgio Jackson, beneficiado hace cuatro años en su distrito por la abstención de la Nueva Mayoría. Es probable, en consecuencia que se produzcan nuevos roces en un bloque cuya consigna repetida hasta el cansancio era el idealismo, la pureza y el rechazo de los procedimientos de la vieja política.

De más está decir que fueron muchas las voces de advertencia no escuchadas. Lo que importaría es que los protagonistas de este lamentable espectáculo hubieran aprendido la lección.

Abraham Santibáñez