Editorial:

¿Vale la pena vivir en Chile?

Santiago, 07 de Mayo de 2017

Las encuestas lo desmienten: los chilenos, según los sondeos de opinión, nos sentimos bastante felices. Pese a las exageraciones propias de la campaña electoral que ya empezó, hay hechos indesmentibles como el notable aumento del ingreso per capita en las últimas décadas, que se refleja en espectacular aumento del parque automotor, la proliferación de restaurantes de alto nivel, las vacaciones internacionales y las tiendas de lujo en los malls, hay quienes se agotaron de vivir en nuestro país y lo proclaman urbi et orbi.

Creo que no tienen razón, pero vale la pena conocer sus argumentos.

Ganador del premio Limón “par el jugador menos simpático” de Roland Garros, no solo una sino cinco veces (1996 a 2001), el tenista Marcelo Ríos ha anunciado que se va de Chile porque “la prensa le cagó la vida”.

En rigor, el culpable es él mismo. La publicación especializada Puntodebreak.com, ha señalado que “si repasamos algunas actitudes del tenista chileno, ex número uno del mundo, descubriremos que no fue un capricho francés, que se lleve tal premio en tantas ocasiones. Una de sus actitudes clásicas era insultar a los jueces, como lo hizo en el Torneo de Los Ángeles de 1997, cuando fue descalificado y multado con 5.000 dólares. Unos meses después, en un confuso incidente, atropelló a su entrenador Manuel Astorga, dejándolo gravemente lesionado en un pie. Luego de esto, despidió a Astorga como entrenador. Una de sus muestras más claras de su carácter miserable, salió a la luz cuando alcanzó en N°1 del ranking mundial, y despidió inmediatamente a su entrenador Larry Stefanki, mostrando una ingratitud total. Precisamente cuando estuvo en lo más alto del ranking ATP, generó una gran polémica latinoamericana. Esto ocurrió cuando un reportero le hizo una pregunta, intentando comparar sus logros con los del argentino Guillermo Vilas, de brillante carrera. Marcelo Ríos contesto: "él fue número 2, y yo soy número 1", provocando la antipatía general de la sala. Tampoco fue muy fiel a su bandera, ya que en los Juegos Olímpicos de Sidney 2000, fue elegido por la delegación chilena como el abanderado nacional en la ceremonia de apertura. Sin embargo, terminó negándose a último minuto, porque que sus padres no habían sido invitados a la ceremonia. Podríamos seguir con infinitas líneas sobre el mal genio del Chino Ríos, como el día que durante una entrevista después del Torneo de Basilea, insultó a una periodista por preguntarle si es que tenía ancestros indígenas. Esta colección de malas actitudes, justifican sin duda alguna, la gran cantidad de nombramientos para el chileno Ríos, como el jugador Limón de Roland Garros, quien al parecer, cada vez que llegaba Francia no se molestaba demasiado en disimular su difícil carácter”.

El caso de Marcelo Ríos es hoy el más destacado. Pero cabe recordar que otro deportista que en su momento tuvo el cariño y la admiración de la mayoría de los chilenos, Eliseo Salazar, también ha preferido el autoexilio dorado. Peor aún, durante la campaña presidencial norteamericana, se quejó del “Obamacare” y anunció que había votado por Donald Trump.

¿La razón?

La clase media se aburrió de ayudar a la clase más baja con su esfuerzo. Ahora me veré favorecido por el fin del Obamacare. Antes yo pagaba USD $238 por mi salud, como la Isapre en Chile, pero cuando apareció este plan me subieron el doble, más de USD $500, porque había que subsidiar a los que no pagan, indocumentados y de bajos recursos”, afirmó en entrevista en La Segunda.

También, aunque desde un ángulo diametralmente opuesto, la periodista “Pepa Valenzuela” anunció que se había cansado de Chile. Como consignamos en la edición de esta página del 9 de abril recién pasado, adujo múltiples razones para querer vivir en Estados Unidos.

Anotó en parte de su larga presentación:

Me cansé de Chile y de sus gobernantes ridículos, de la mala memoria, de ver a los mismos personajes sin moral, muchas veces sin preparación de ningún tipo, sin vergüenza alguna de sus abusos y en ciertos casos de sus robos monumentales (quizás aquí la palabra apropiada sea saqueos), presentarse una y otra vez a cargos públicos y ganar. Cuesta habitar un lugar donde no confías en la capacidad de quienes mandan. Cuesta estar tranquila cuando el ejercicio de tu derecho ciudadano depende de personas que no respetas ni siquiera intelectualmente.

Me aburrí de ver cómo la alternativa a eso eran personajes de televisión sin peso, discurso ni propuestas concretas, y cómo el país entero se iba pareciendo cada día más a una cámara oculta, a un chiste de mal gusto, a una tira cómica que a mí ya no me causaba gracia. Me asqueé de ver cómo unos pocos se enriquecen a manos llenas a costa de la explotación de la mayoría. En otros países latinoamericanos, incluso acá en Estados Unidos, creen a veces que en Chile las cosas están mejor y que tenemos un ejemplo que mostrarle al mundo”.

A lo anterior habría que sumar otras voces que manifiestan un parecido desencanto.

¿Estamos equivocado los chilenos que no nos hemos planteado siquiera una huida a otras latitudes? ¿Están equivocados los inmigrantes de nuevo cuño que prefieren vivir en duras condiciones en Chile porque creen que este es un país de oportunidades?

El debate está empezando.

Abraham Santibáñez