Editorial:

En el comienzo de una dura batalla

Santiago, 26 de Marzo de 2017

Aparte de su despiadada crítica a la Presidenta Bachelet y al gobierno de la Nueva Mayoría, Sebastián Piñera ha puesto el énfasis de sus discursos como candidato en dos aspectos: la promesa de ir “más allá” de la ley en el caso del fideicomiso ciego y su presunta vocación de “servicio público”.

Un elemento adicional ha sido la reiteración de las imágenes de él mismo y Cecilia Morel, su esposa. Como abanderado de la derecha conservadora, declaradamente antiaborto, el candidato y muy probablemente sus asesores saben que debe reforzar su respeto de los valores tradicionales de la sociedad chilena, empezando por el matrimonio. Hay, aquí, además, un deseo de distanciarse del multimillonario que se acaba de instalar en la Casa Blanca cuyo respeto por la dignidad de la mujer (y otros seres humanos) es prácticamente nulo.

Nada de esto, sin embargo, será suficiente para ganar la carrera hacia La Moneda. Sus propios partidarios insisten en que el fideicomiso debe ser claro y sin letra chica. Es probable que trate de cumplir esta exigencia, pero no es seguro que lo logre.

Pero ¿qué pasará con el choque previsible entre su proclamada vocación de servicio público y su trayectoria como hombre de negocios?

Nunca como antes, la opinión pública está pidiendo evitar cualquier confusión de roles. Y no es tarea fácil distinguir entre el impulso -natural en Piñera- al acrecentamiento de su fortuna y la dedicación, sin distracción alguna, a las obligaciones del cargo de Presidente de la República.

Su primera experiencia, en La Moneda, todavía está en discusión.

Es lo que justifica las reservas de la derecha, desde el díscolo discurso del senador Manuel José Ossandón (la proclamación de RN es “un error histórico”) a los ásperos comentarios de Carlos Larraín. Y se ha consolidado, por supuesto, como el himno de batalla del resto del espectro político.

Abraham Santibáñez