Editorial:

El deber de hablar

Santiago, 01 de Enero de 2017

La Presidenta Michelle Bachelet ha retomado la sana costumbre de dar entrevistas a distintos medios de comunicación.

Se ha negado, sin embargo, a dar su opinión sobre el Caso Caval que afecta directamente a su hijo y a su nuera. Solo ha dicho que hablará luego del final de su mandato cuando, probablemente, esté “descansando en la playa”, fuera de la política contingente, como aseguró en La Tercera.

El decidir sobre cuándo y de qué hablará es un derecho suyo. Pero el tema Caval, aunque familiar, es también lo que se llama “un tema país”. Independientemente del parentesco de sus protagonistas, la gravedad de las acusaciones lo saca inevitablemente del ámbito íntimo o personal. Aunque una parte de la oposición ha insistido majaderamente en involucrarla en el affaire (el episodio de la revista Qué Pasa, con las delirantes declaraciones de Juan Díaz es un buen ejemplo), hasta ahora no ha habido ningún dato serio al respecto.

Esta realidad hace aconsejable que la Presidenta hable ahora y no después. En los 14 meses que quedan de su gobierno, reaparecerá el tema de tiempo en tiempo. Una declaración de la Jefa de Estado no lo impedirá, pero seguramente le quitará importancia.

Ya se ha sugerido lo que cabría esperar de una declaración de este tipo:

1.- Un desmentido total de cualquiera participación de la Presidencia. Ello implica reiterar el desconocimiento del negocio y, por supuesto, cualquier beneficio personal.

2.- Un rechazo categórico de lo obrado por su nuera y la eventual participación de su hijo. Se trata de hechos graves, probablemente delitos que no pueden ser avalados, más allá del afecto natural por la familia.

3.- Una reiteración de la independencia del poder judicial, garantizando que debe actuar libremente y sin ningún tipo de interferencia.

No son pasos fáciles. Pero ¿puede haber algo más doloroso que quedarse en casa con los regalos -juegos de lego y paneles solares- para los nietos?

Abraham Santibáñez