Editorial:

El dedo en el gatillo del poder nuclear

Santiago, 16 de Octubre de 2016

El brutalmente rústico lenguaje que ha empleado Donald Trump en su campaña presidencial, ha opacado cualquier otra reflexión respecto de lo que podría ser su eventual gobierno.

Jefes de Estado habituados al lenguaje procaz ha habido muchos, unos cuantos de ellos en nuestro continente. Pero pocos han sido brutalmente explícitos al definir sus posturas extremistas. El último ejemplo lo está dando por estos días el Presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, quien llamó “hijo de puta” a Barack Obama, con quien tenía programada una reunión. Su violencia no es solo verbal y la ha llevado a los hechos. Según algunos medios, en su lucha contra el narcotráfico ha causado 2.400 muertes en las primeras nueve semanas de su mandato

Donald Trump podría ser peor.

Ha insultado a medio mundo lo que no siempre resulta fácil de informar cuando se quiere ser fiel en una cita. En The New York Times algunos lectores sensibles han criticado al diario por reproducir textualmente algunas de sus ofensivas expresiones. La editora política del diario, Carolyn Ryan, señaló que ha sido una decisión costosa, pero piensa que si incluyen videos en la edición on line, sería absurdo censurar las mismas palabrotas en la versión impresa.

Pese a la complejidad del caso, muchos comentaristas consideran que lo más grave no son las expresiones groseras del abanderado republicano o sus ofensas a las mujeres, los mexicanos, los discapacitados o la gente de color. Hay una gran preocupación porque un hombre con esa mentalidad pueda tener, como todos los presidentes desde Harry Truman, la capacidad para decidir el uso de armas nucleares.

Bruce C. Blair, un académico investigador del Programa de Ciencias y Seguridad Global en la Universidad de Princeton ha expresado crudamente sus temores.

En un comentario en el mismo The New York Times, recordó que Dwight Eisenhower recurrió a la imagen del “exceso de muertes”, que convertiría a las bombas nucleares en un recurso imposible de justificar. Más tarde, su sucesor, John F. Kennedy, tras una sesión de trabajo en la cual le explicaron los alcances de las armas norteamericanas, tuvo una sola reacción: “¡Y nos consideramos a nosotros mismos la raza humana!”.

Otros Presidentes norteamericanos, incluyendo a Ronald Reagan, quien calificó a la Unión Soviética como “el imperio del mal”, han mostrado igual consternación por el poder que le entrega la Constitución a los Presidentes.

Pero, precisó el comentarista Blair, “Donald Trump es de un temperamento radicalmente diferente… y si estuviera en el sillón de mando, temo que no vacilaría en dar las órdenes de destrucción”.

Este es un tema tan delicado, agrega Blair, que “se requiere un respeto calmado y racional acerca de la maquinaria de guerra, y la máxima precaución al decidir si emplear o no las fuerzas nucleares”.

Reitera:

El señor Trump es ciego según parece, a la importancia del autocontrol en esta materia, No ha mostrado ninguna humildad ante la capacidad de destrucción de la civilización de las armas nucleares. Ha sugerido que tanto Corea del Sur como Japón deberían considerar el desarrollo de sus propios arsenales. Darle a una persona con estas características el poder de iniciar por su cuenta un ataque nuclear pondría al país y al mundo que conocemos en un peligro real”.

Y, no olvidemos que el Presidente de los Estados Unidos tiene poder de decisión en infinidad de otros aspectos con un alcance mucho mayor que un conflicto nuclear.

Abraham Santibáñez