Editorial:

Responsabilidad de los canales de TV

Santiago, 02 de Octubre de 2016

Rafael Garay, supuestamente refugiado en Rumania para eludir su responsabilidad en el manejo de finanzas, es un fruto de la televisión. Fueron los canales -y en cierta medida la radio y la prensa escrita- los que lo convirtieron en un “gurú” escuchado con entusiasmo por quienes querían obtener ganancias fáciles.

Su historia se ha ido conociendo de a poco a pesar de que inicialmente nadie tuvo sospechas cuando anunció y emprendió viaje a Europa. La razón es simple: con mucha paciencia, Gary fue construyendo un complejo libreto cuya base era un cáncer terminal.

Sus víctimas son -según su propio recuento antes de partir de Chile- varios cientos de inversionistas. Pero, además de los millones que debe, ya se sabe de otro tipo de víctimas. El sábado pasado, El Mercurio publicó una emotiva carta de Rosa María Espinoza.

Ella contó que su madre, quien murió finalmente de un glioblastoma multiforme, la misma enfermedad publicitada por Garay, seguía atenta el caso: “No imaginas cuánto de su escaso tiempo destinó a tu fantasía. Ella, incluso durante su agonía, se compadecía de ti porque "eras tan joven y tan preparado", y de alguna forma sentía que en su propia vida un cáncer de esa magnitud tenía más sentido que en la tuya. Mi madre murió el 7 de septiembre pasado, tras 11 meses de enfermedad, deseando que el milagro de la recuperación ocurriera en ti y no en ella, a sus 64 años”.

Concluye:

Ojalá puedas devolver el dinero que debes. Contigo, mi familia perdió mucho más que eso, pues, como imagino sabrás, el tiempo es irrecuperable”.

Algunos “rostros” de la televisión sumaron a sus pérdidas económicas, una dolorosa herida en su amor propio por haber depositado dinero y confianza en Garay.

Ya se dijo: este no es el primer personaje que abusa de la tribuna que le brindaron los medios. A la lista hay que agregar, como lo hace el profesor José Manuel Robles, de la UDD: “a las empresas AC Inversions, al grupo Arcano, IM Forex, Rodríguez y Asociados, Montaner… entre otros”.

En su mayoría se trata de personajes validados por los medios. Rafael Garay, por ejemplo, se hizo popular gracias a un poderoso y convincente respaldo. Según La Tercera, en 2008 “se convertía en vicerrector de Comunicaciones de la Universidad Central, cargo en el que estuvo hasta 2010 y que le serviría como plataforma para transformarse en experto en economía para radios y matinales de televisión”.

En la televisión se afirma, con convicción, que la imagen lo es todo. Por ello, el fenómeno de los comentaristas económicos que eventualmente pueden ser acusados de graves delitos, no es único., Los hay en todos los campos e intereses: el deporte, la salud, los temas legales, la farándula, la astrología y el anuncio permanente de catástrofes.

No son temas inofensivos, pero ninguno es tan serio como el de estos asesores financieros sin escrúpulos que hacen negocios propios y terminan burlando a los ingenuos inversionistas que creen en ellos.

Es hora de poner coto a esta irresponsable facilidad de dar tribuna a quien no lo merece.

Abraham Santibáñez