Editorial:

¿De vuelta a la ética?

Santiago, 27 de Marzo de 2016

El término de las vacaciones de verano ha estado marcado este año por la sensación de que Chile vive bajo una marejada de corrupción. Conforme algunos reportajes, se podría comparar a las olas gigantescas que obligaron a cerrar los balnearios costeros.

Hasta Semana Santa se multiplicaron los balances pesimistas. Era, hasta cierto punto, inevitable: se estaba abriendo una nueva temporada de formalizaciones. Todo indica que este año la mano de las fiscalías se hará sentir en todos los sectores.

Es difícil saber hacia dónde apunta la tendencia.

Hace años, el profesor Rushworth Kidder, experto en ética, reflexionaba acerca de las primeras denuncias de corrupción que conocimos en nuestro país. Partió haciendo un resumen de lo que había comprobado en diversos lugares: “Parece que dondequiera que uno vaya a través del mundo, el barómetro ético está cayendo, y las consecuencias parecen ser graves. Esa, por lo menos, es una de las conclusiones que se pueden extraer de las conversaciones con 24 personas de 16 países entrevistadas para su ensayo "Valores compartidos para un mundo en crisis". Hay algo profunda y globalmente equivocado, no solamente en la economía, las fuerzas militares, o la política, sino también en la ética. Algo dentro del alma de nuestro futuro colectivo aparentemente ha perdido el equilibrio, y el mundo parece derivar lentamente hacia una recesión moral”.

Al mismo tiempo, sin embargo, Kidder planteó que las denuncias tienen un lado positivo: nos hacen ver que cada vez tenemos más conciencia de los manejos anti-éticos y cómo podemos combatirlos.

Todavía no sabemos con certeza hacia dónde apunta la tendencia. Pero hay elementos para el optimismo que no podemos pasar por alto: una encuesta dada a conocer por El Mercurio en 29 países señala que casi la mitad de los jóvenes rechaza trabajar para empresas denunciadas por malas prácticas:

El 49 por ciento de los ejecutivos menores de 35 años dice haberse negado a realizar tareas que consideraron en conflicto con la ética, según una consulta realizada por Deloitte a 7.770 trabajadores de la llamada generación Millennials en 29 países.

En Chile, dijo a El Mercurio el doctor en psicología y académico de la Facultad de Administración y Negocios de la Usach Raúl Berríos, esta cifra se explica por el mayor nivel de conciencia cívica que caracteriza a este grupo, como también por factores socioeconómicos: “Muchos tardan más en salir de sus casas y retrasan la paternidad, por lo que tienen menos presiones económicas. Eso implica que estén menos dispuestos a hacer concesiones en su trabajos en favor de aspectos valóricos”.

Podría ser el comienzo de un gran viraje en materia de valores.

Abraham Santibáñez