Editorial:

Rechazo a la obsecuencia

Santiago, 13 de Diciembre de 2015

En uno de los últimos trámites que impone el Premio Nacional, me encontré en el Ministerio de Educación con el profesor Ramón Iván Núñez, galardonado con el Premio Nacional de Ciencias de la Educación. Durante años transitó por esos pasillos y son muchos los funcionarios (especialmente funcionarias) que lo saludaban con cariño y respeto.

Desde que el jurado lo premió, a fines de agosto, el profesor Núñez no ha cesado de repetir que es un hijo de la educación pública. En la Universidad de Chile, al recibir la medalla rectorial, lo dijo claramente:

Habiendo estudiado en una escuela primaria fiscal, asistí a las aulas del Liceo Experimental Manuel de Salas, perteneciente a esta corporación (la U. de Chile). En ambos estudié gratis y puedo dar fe que aprendí y también fui feliz en ambos centros de estudios”,

También destacó el creciente compromiso de la Universidad con la educación escolar, esfuerzo que "se hace más legítimo y perentorio cuando el país comienza a valorar la educación estatal, gratuita y de calidad como principal respuesta en favor de una sociedad más cohesionada y solidaria", cimentada en un nuevo modelo de desarrollo que tenga al conocimiento y al humanismo como base en el crecimiento integral de los chilenos.

En La Moneda, cuando recibió el premio junto a los otros galardonados de este año, reiteró estos conceptos, que emanan de una convicción profunda,

En la ocasión, la Presidenta Michelle Bachelet, junto con felicitar a los premiados, destacó aspectos de sus vidas que consideró valiosos:

No queremos artistas, investigadores ni periodistas obsecuentes. Todo lo contrario.

Por eso si en su momento Chile cometió el error tremendo de permitir que la Academia Sueca premiara a Gabriela Mistral antes de conferirle este Premio Nacional, hoy, como cada año, tratamos de hacer justicia a quienes, como ustedes, han trabajado con amor y dedicación por esta sociedad que les manifiesta así, su respeto y su cariño.

Por eso sentimos respeto y cariño frente a la obra múltiple de Roser Bru; frente al talento abrumador de Tito Noguera en las tablas, en la pantalla grande y también como gestor cultural; frente al trabajo pionero de Mario Hamuy, que permitió, entre otras cosas, probar nada menos que la expansión del Universo.

Sentimos respeto y cariño por la agudeza entrañable de Tomás Moulian, que ha traspasado las fronteras de la sociología para cuestionarnos y hacernos ver nuestras debilidades y nuestras deudas; por la labor de Abraham Santibáñez en medios como Ercilla, Hoy, La Nación, y como formador de varias generaciones de periodistas; respeto y cariño, en definitiva, por la gran trayectoria de Iván Núñez, un hijo de la educación pública químicamente puro y un destacadísimo investigador y promotor del mejoramiento de la educación escolar”.

Pese al entusiasmo de la Presidenta, es poco lo que se ha conocido en la prensa acerca de esta serie de premiados y su pensamiento y obra.

Es una lástima

Abraham Santibáñez