Editorial:

Terror en Francia

Santiago, 15 de Noviembre de 2015

El sábado fue un día sombrío en París. Apenas amaneció, en el Palacio del Elíseo el gobierno se volvió a reunir, como ya lo había hecho en la madrugada. Era el momento de evaluar la situación tras la serie de ataques terroristas de la noche del viernes.

Fue un día triste.

La cifra de muertos en los varios atentados ya se elevaba a 129, incluyendo a tres chilenos: Patricia San Martin, sobrina del embajador en México Ricardo Núñez, su hija Elsa Verónica y el músico Luis Felipe Zschoche Valle.

La historia de Francia registra numerosos episodios de violencia a lo largo de los siglos, incluyendo el período de 1793 a 1794, durante la Revolución Francesa. Pese a ello, se ha convertido en paradigma de la tolerancia y la racionalidad, lo que hace más difícil de comprender lo ocurrido al anochecer del viernes 13. Hasta ahora prevaleció la resiliencia. Esta vez sin embargo, la posibilidad de pronta recuperación se complica por el temor generalizado. En la noche del viernes, luego de estar retenidos en los lugares donde se produjeron los atentados, miles de parisienses se encontraron con dificultades para volver a casa y una recomendación de no volver a salir. Sobre todos ellos pesa la ominosa amenaza del Estado Islámico. En un comunicado, el EI reivindicó el “ataque bendito (...) contra la Francia cruzada”. Los autores, se proclamó, fueron “ocho hermanos con cinturones explosivos y rifles de asalto”.

El comunicado incluyó, además, la advertencia de que Francia seguirá siendo uno de los principales blancos mientras mantenga su presencia en la coalición internacional que ha lanzado ataques aéreos contra el EI en Medio Oriente: “Que sepa Francia y los que van en su camino que van a estar a la cabeza de los objetivos del Estado Islámico y que el olor a muerte no va a abandonar sus narices mientras lideren la campaña cruzada”.

Según las autoridades francesas, los atentados fueron cometidos por tres comandos coordinados. Uno de ellos, precisó el fiscal de París, Francois Molins, viajó a París con un pasaporte sirio, confundido en la ola reciente de refugiados.

Este último informe, que explica el cierre de fronteras de Francia, complica con su sombra la reciente llegada de cientos de refugiados a Europa desde Turquía y otros países. Aunque muy cuidadoso en sus declaraciones, el Presidente Francois Hollande ha dicho categóricamente que los atentados son “un acto de guerra preparado, organizado y planificado desde el exterior con cómplices desde el interior”.

Se ha abierto así un campo de especulaciones que puede llegar muy lejos.

El rechazo de algunos países como Hungría, aumentado por la negativa reacción conservadora, revive la polémica de las últimas semanas. Hay ahora un elemento agregado: estos mismos sectores, desde el ex Presidente Sarkozy a los dirigentes de la Liga del Norte de Italia, piden una fulminante reacción armada contra el EI.

Fue lo que hizo George Busch después de los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono en 2001. El deseo de vengarse de esos ataques condujo a la invasión de Irak y el derrocamiento de los talibanes de Afganistán.

Ese éxito inicial ha tenido un costo largo y doloroso. Hasta ahora no se ha impuesto la paz.

¿Ocurrirá lo mismo si se concreta la guerra contra el Estado Islámico que ni siquiera tiene un territorio bien delimitado?

Abraham Santibáñez