Editorial:

Aprovechar la tregua

Santiago, 20 de Septiembre de 2015

Pasó el tsunami y –aunque dejó una estela de desolación - vino la calma.

Pasó el terremoto y –pese a las réplicas- empezó la etapa de reparación de dolores físicos y sicológicos.

Los chilenos vivíamos una situación desesperada en la cual habíamos llegado al borde mismo del abismo. Y nos detuvimos.

Es el valioso significado del pedido de perdón del cardenal Ezzati; de la serena actuación de la Presidenta Bachelet en estos días, y del esfuerzo de todos los sectores de evitar estridencias innecesarias.

Podría creerse que la pauta la marcó el comportamiento ejemplar de los miles de evacuados del borde costero ante la alarma de tsunami.

Eso es bueno. Pero puede ser insuficiente.

Sería imprudente y exagerado plantear que a la hora de solidarizar con las víctimas del terremoto y del tsunami todo ha funcionado perfectamente bien. Hemos presenciado altercados entre quienes buscan refugio arriba de sus automóviles y quienes –como recomiendan las autoridades- optaron por hacerlo a pie. Se han desatado duras protestas de quienes se sienten abandonados. Ha habido afirmaciones ramplonas de parte de la oposición que sigue creyendo que su papel es vociferar cada vez que puede, incapaz de reconocer que el gobierno haga algo bueno alguna vez...

Pero.., lo importante, lo valioso, es que, como ha ocurrido en otros trances parecidos, se ha impuesto la calma y ya se está trabajando en la reconstrucción.

Podría ser solo un espejismo.

Esperemos que no lo sea: si no aprovechamos esta oportunidad, será muy difícil (imposible, quizás), recuperar el diálogo y la confianza para avanzar sobre el piso firme de la amistad cívica.

Chile necesitaba una tregua. La tragedia se la ha proporcionado.

Solo nos falta aprovecharla.

Abraham Santibáñez