Editorial:

Transar para avanzar

Santiago, 12 de Julio de 2015

Seis meses, en un período de cuatro años, es mucho tiempo. Pero, para el gobierno de Michelle Bachelet, desafiado simultáneamente en distintos frentes desde el verano, parece ser lo mínimo para aterrizar expectativas y reemprender la marcha.

No ha sido fácil. Todo gobierno nace sobre la base de un conjunto de ofertas con las que aspira a ganar el voto ciudadano con el compromiso de llevarlas a la práctica una vez ganado el poder. Es la base del juego democrático al que hay que agregar, como se ve ahora, que lo que parecía posible en determinadas circunstancias, puede terminar no siéndolo. Con razón se recuerda ahora la frase del Presidente Aylwin de que hay cosas que se deben intentar “en la medida de lo posible”.

Tal vez la acumulación de proyectos atentó contra su factibilidad en el caso presente. Otro elemento que se debe considerar es el efecto de una cerrada oposición que frustró mayores avances. Hay, por cierto, un factor sicológico: la obstinación de hacerlo todo aquí y ahora, sin tomar en cuenta la sensibilidad del electorado, susceptible a reaccionar negativamente frente a determinadas señales. La mayor de todas, desde luego, fue la imagen de la retroexcavadora, tan certeramente magnificada por la oposición.

Como fuere, ahora ya ha hablado la Presidenta y el gobierno intenta poner orden en su filas. La tarea es inmensa. Desde febrero, cuando se produjo el primer descalabro, hemos vivido con la sensación de agotamiento de ideas. Para algunos, la solución era tener más rostros nuevos en el gabinete: para otros, se trata simplemente de bajar la mirada y descender del Olimpo.

No queda mucho tiempo, pero dos años es un plazo suficiente para algunos avances que se deben profundizar.

Abraham Santibáñez