Editorial:

Plazos peligrosos

Santiago, 14 de Junio de 2015

El anuncio de plazos estrictos para poner en práctica algunas decisiones, es un error menor, pero error al fin de la Presidenta de la República. La serie más reciente empezó junto al anuncio del cambio de gabinete. Se fijó 72 horas para armar su reemplazo y demoró más de cien. Aun así, se pasó por alto por falta de mejor chequeo, la riesgosa situación del flamante ministro Jorge Insunza.

Otro plazo innecesario y no cumplido se refiere a las medidas que surgieron del informe de la comisión de probidad presidida por Eduardo Engel. Cumplido el plazo, se conocieron once medidas; otras tantas están pendientes todavía.

Hoy día la pregunta es qué pasará con el anuncio de un proceso constitucional que, según la Presidenta, debe iniciarse en septiembre. Hasta ahora las señales han sido contradictorias respecto a la forma de dicho proceso.

Salvo para algunos pocos, muy pocos, recalcitrantes, casi nadie pone en duda la necesidad de una nueva Constitución. Pero hay diferencias importantes en el camino elegido para materializarla. Por una parte algunos sectores están encandilados con la idea de una Asamblea Constituyente. Otros prefieren lograr el cambio en el Congreso Nacional.

El primer camino despierta temores. Lo ocurrido en otros países donde se aplicó una especie de “democracia directa” explica las sospechas. Se cree que se podría abrir paso al predominio de los más vociferantes, los que abundan en estos tiempos de “redes sociales”. La opción parlamentaria, que es la que se utilizó anteriormente, se debilita ante el desprestigio injustamente generalizado de la clase política.

No será fácil encontrar la vía de solución. Y hay que considerar que la propia Michelle Bachelet se autoimpuso un plazo perentorio para iniciar el proceso.

¿Será capaz de cumplirlo?

Mientras, el debate descontrolado no ayuda.

Abraham Santibáñez