Editorial:

Los peligros del empoderamiento ciudadano sin control

Santiago, 31 de Mayo de 2015

Las manifestaciones del jueves pasado pusieron de relieve la dificultad que tenemos como sociedad de hacer oír eficazmente nuestra voz.

El “empoderamiento” de los más variados sectores gracias a las redes sociales, si no se complementa con acciones de responsabilidad, se traduce casi inevitablemente en que, más allá de las justas causas planteadas, se abra la puerta al vandalismo desenfrenado.

Es necesario que reaccionemos como sociedad.

Una gran responsabilidad corresponde a las autoridades y a los encargados de mantener el orden, es decir, la fuerza policial. Después de comprobarse los inaceptables excesos que afectaron al joven Rodrigo Avilés, la reacción no puede ser la de hacerse al lado. La dura tarea policial consiste en asumir riesgo y evitar daños a inocentes, pero es necesaria. De otro modo, hay un cierto “chipe libre” que significa que numerosos faroles, semáforos y otras instalaciones urbanas igual que decenas de locales comerciales o institucionales, terminen destruidos una y otra vez.

Los procedimientos policiales (“protocolos” es el eufemismo de rigor) deben ser revisados. Necesitamos lograr un sano equilibrio en la materia. Errores y excesos –tanto en Chile como en Estados Unidos y otros países- subrayan el deseo de la ciudadanía que espera control pero no abusos.

Esto significa, igualmente, que la ciudadanía debe cooperar. No mirar impasible –a lo más grabando en un celular- el vandalismo, sino presionar en el seno de la familia para imponer la opción de la protesta pacífica. La promoción de los valores -respeto a las personas y a la propiedad ajena- sigue siendo el mejor medio de prevención.

Lo otro, como lo ocurrido en los últimos días, es una invitación a que la gente asuma su defensa (personal o de sus intereses) sin preocuparse de las consecuencias.

Es lo que pasó con una persona sacó una pistola al lado del supermercado ubicado cerca del metro ULA. En arriesgada maniobra, lo redujeron los estudiantes que marchaban.

Pero ¿y si no hubieran logrado?

Abraham Santibáñez