Editorial:

Ética y poesía

Santiago, 05 de Abril de 2015

¡Que linda en la rama/ la fruta se ve!/ Si lanzo una piedra/ tendrá que caer.
(Versos iniciales del poema La Tentación, del peruano José Arnaldo Márquez García)

Los chilenos que nacimos después de la crisis del salitre y la caída de la dictadura de Ibáñez, aprendimos en el Silabario Matte una simple pero profunda lección de ética: No hay que robar la fruta en el huerto ajeno aunque nadie nos esté mirando.

El nuestro era en esos años un país pobre, con casas de adobe, caminos de tierra y comunicaciones precarias. Éramos, sin embargo, un país donde la corrupción era mínima y se castigaba duramente. En Chile de entonces, los desastres y las catástrofes podían ser realmente “una oportunidad”. Fue lo que ocurrió tras el terremoto de enero de 1939 cuando se creó la Corporación de Fomento y Reconstrucción.

El acuerdo no fue fácil. Como reseñan los autores de “Chile en el siglo XX”, “en definitiva, lo que estaba en juego era la reformulación del papel que el Estado asumiría en lo económico, lo que significaba una readecuación de las esferas del poder”.

La Corfo le cambió el rostro a nuestro país. Bajo el alero estatal se crearon la industria del acero (CAP), Endesa, el Laboratorio Chile, Madeco, Iansa, Enap y Chile Films. Todas estas empresas fueron posibles por la presencia de un grupo de funcionarios honestos y emprendedores.

Con el tiempo, el único obstáculo que no pudieron superar fueron las privatizaciones de la dictadura que liquidó empresas hasta el último minuto. Fiel a su pensamiento expreso: "Hay que cuidar a los ricos para que den más", Pinochet permitió que en el proceso se enriquecieran parientes y amigos.

Lo que vino después lo estamos viendo en estos días.

Perdida toda noción ética han proliferado los negocios ilegales que han hecho más ricos a los nuevos ricos de la dictadura. Y hay más: por un lado se ha favorecido a los herederos y admiradores de Pinochet fortificando la estructura económica que dejó el régimen militar y, por otro, se ha adulterado brutalmente la voluntad ciudadana con cuantiosos aportes económicos no siempre legales a determinados partidos políticos.

Ha sido un rentable negocio en todo sentido frente al cual nadie parece recordar la lección de fondo de los versos del poeta peruano Márquez García: “No quiero, no quiero;/ yo nunca he de hacer/ sino lo que haría/ si todos me ven”.

Habría que empezar de nuevo, incluyendo versos tan simples pero tan categóricos en la enseñanza básica.

Abraham Santibáñez