Editorial:

Una gran lección

Santiago, 11 de Enero de 2015

La presencia de una cincuentena de presidentes y jefes de estado junto a Francois Hollande, confirmó a París este domingo como “la capital del mundo”. Un millón de personas los acompañó en una gigantesca demostración a favor de la libertad de expresión y de repudio del atentado terrorista contra los periodistas de Charlie-Hebdo.

La reunión empezó en la Plaza de la República, a poca distancia de las instalaciones del semanario atacado, para luego confluir y desbordar el Boulevard Voltaire. El encuentro de líderes mundiales de distintos signos, las pancartas a favor de la tolerancia y la libertad esgrimidas por los manifestantes tuvieron un enorme simbolismo: a Voltaire se atribuye una de las expresiones máximas de la tolerancia. Se trata del lema, utilizado por la revista Hoy en tiempos de la dictadura: “No estoy de acuerdo con tus ideas, pero daría mi vida por defender tu derecho a expresarlas”.

Los extremistas quisieron negarles el derecho a los periodistas de la revista satírica francesa a tener y exponer sus ideas. Nadie puede garantizar que en el futuro la libertad de expresión tendrá el gran respaldo que ahora le han dado los franceses y los ciudadanos del mundo entero, pero es un símbolo cuyo valor nunca deberíamos olvidar.

Sin libertad de expresión no hay democracia posible.

Así lo entendimos en los años negros de la dictadura en Chile y nos duele que, a pesar de sus muchos defensores, también hubiera en Chile, cientos de miles de personas que no echaban de menos esa libertad. Peor aún: las decenas de periodistas perseguidos, detenidos, torturados, expulsados o asesinados en esos años nunca tuvieron un respaldo tan significativo.

Cabe pensar que las debilidades actuales de nuestra democracia pasan en gran parte por las debilidades de nuestras convicciones, en especial la libertad de expresión.

Esa es la gran lección de este episodio doloroso pero iluminador a la vez.

Abraham Santibáñez