Editorial:

Siempre es preferible negociar

Santiago, 14 de Diciembre de 2014

Definitivamente, lo que más debería preocupar a la opinión pública de todo el mundo es la inutilidad de los métodos empleados por la CIA en el combate al terrorismo. Como se ha comentado, las brutales torturas no entregaron información realmente útil.

En el debate que ha seguido, aunque la CIA y el gobierno de Bush que los amparó tienen defensores, la gran mayoría condena sin matices los excesos cometidos. El Presidente Barack Obama dijo que los actos denunciados son “contrarios a nuestros valores”. El candidato republicano en las elecciones de 2008, el ex prisionero de guerra John McCain, considera que la tortura es “una mancha en nuestro honor”.

En el resto del mundo, la mayoría de quienes han opinado coincide en una condena sin atenuantes. Hay excepciones, desde luego, como el lector Manuel Blanco de El Mercurio que acusó a la senadora Dianne Feinstein, presidenta del comité de inteligencia del senado norteamericano, de falta de prudencia y lealtad: “La decadencia de EE.UU. está asegurada con parlamentarios de esa categoría. No significa que no tenga razón en algunas de sus afirmaciones. Lo que no tiene es criterio ni lealtad”.

Hay quienes creemos que la decadencia de Estados Unidos –y buena parte del mundo- se debe precisamente a que ha faltado lealtad a principios básicos de convivencia. Lo de la CIA es apenas la punta del iceberg por usar un lugar común. Las costosas intervenciones de Estados Unidos en los últimos años tratando de conjurar peligros extremistas en Medio Oriente, por ejemplo, han sido fracasos rotundos. Así lo prueba lo ocurrido con Irak donde Bush proclamó haber ganado la guerra después de la primera batalla y donde todavía no se logra un mínimo de estabilidad. Y la lista es larga: desde Afganistán hasta Siria.

Pese a estas lecciones, es probable que haya muchos partidarios de la mano dura en política nacional o internacional. Felizmente, no basta con el deseo, se requiere de abundantes recursos económicos y, sobre todo, de apoyo popular.

Por eso, frente al recurso de la fuerza, la negociación y el esfuerzo de conciliación siguen siendo las mejores herramientas en las relaciones internacionales.

Abraham Santibáñez