Editorial:

Cuando se agotan los fusibles humanos

Santiago, 16 de Noviembre de 2014

Desde la puesta en marcha del Transantiago, el Metro ha recibido una brutal recarga de trabajo. Casi no hay hora en que los vagones no estén repletos de pasajeros, cada vez más descontentos.

El resultado, como se vio el viernes pasado, es una creciente vulnerabilidad. Las autoridades, sin embargo, tardaron en acusar recibo del mensaje. Solo después de la crisis, la Presidenta Bachelet reconoció lo evidente: “Tenemos un sistema de transporte que está funcionando al límite de su capacidad”.

Por meses, las cuadrillas encargadas de revisar todos los aspectos del tren subterráneo se han visto superadas, pero no han dejado de cumplir sus obligaciones. El 13 de agosto pasado, uno de estos equipos detectó una fisura en un riel de la línea 4. Se dijo entonces que no había peligro inmediato, pero se adelantó el cierre del servicio para hacer el recambio.

Una semana después, el 20 de agosto, 41 trenes de la línea 5 paralizaron a las 19.30 horas. Durante todo el día habían funcionado con las baterías de respaldo sin que nadie se diera cuenta. Aclarado los hechos, la primera medida consistió en pedir la renuncia de Raúl Elgueta, gerente del área de mantenimiento de la empresa.

La semana que recién pasó, el descalabro fue mayor, tras el cortocircuito que interrumpió a primera hora el servicio de las líneas 1,3 y 5. Fue el “caos” como resumió la prensa: cientos de miles de santiaguinos tuvieron graves problemas para llegar a sus trabajos. Al anochecer, la Presidenta Bachelet le pidió la renuncia al presidente del directorio, Aldo González.

Como en todo grupo humano, los fusibles se están agotando. El ministro de Transportes sabe que el nombre que sigue en la jerarquía es el suyo. Andrés Gómez Lobo, justamente fue convocado el mismo viernes por la Presidenta para analizar la situación con el presidente de Metro. Horas más tarde, se produjo el reemplazo de este último.

Está claro, sin embargo, que no tiene sentido seguir haciendo rodar cabezas. Es urgente poner a trabajar un equipo de emergencia que pueda actuar con autonomía, que sea capaz de acelerar los proyectos anunciados, no solo en el Metro, equipo que debe estar dotado de las atribuciones y recursos necesarios.

Al parecer, en esa dirección se avanza ahora. El recién asumido presidente de Metro, Rodrigo Azócar, ordenó reformular el plan integral de mantenimiento y supervisión del sistema eléctrico, vías y trenes, durante las próximas semanas.

Es de esperar que se cumplan estas disposiciones. De lo contrario, habrá nuevos irritantes episodios, rodarán más cabezas y la crisis seguirá golpeando las puertas de La Moneda.

Abraham Santibáñez