Editorial:

Tres sacerdotes ejemplares

Santiago, 19 de Octubre de 2014

No han sido buenas las explicaciones en torno a la comunicación que se envió al Vaticano acerca de las opiniones de los sacerdotes José Aldunate, Mariano Puga y Felipe Berrríos. Del hermetismo inicial, se pasó a una presunta petición del Nuncio para recabar información. El cardenal Ezzati fue enfático en negar cualquier iniciativa suya.

Todo esto no parece un buen procedimiento… a menos que se le quisiera dar publicidad a las críticas (reales o no) que se han hecho a estos sacerdotes. En tiempos de Internet y redes sociales, una información confusa o insuficiente puede proyectarse de forma incontrolada, tanto en contenido como en alcance.

A esta falta de claridad, se ha agregado otra inquietud: qué “poder(es) fáctico(s)” está o están detrás. La sospecha de que hay una campaña solapada se refuerza si se revisa lo que ha trascendido acerca de cuáles serían los posibles cuestionamientos.

Según un resumen de radio Cooperativa, a Mariano Puga se le reprocha haber planteado que los sacerdotes debieran tener la libertad de formar familias, y que, sobre el aborto, haya expresado que en casos límite, como violación, riesgo de vida de la madre e inviabilidad fetal, hay que dejar que decidan las madres. También afirmó que “la Iglesia, en vez de ser la que destruía el concepto de clases, lo fortaleció: colegios para los pobres, otros para los indígenas, otros para la clase alta”.

Felipe Berríos, ha sostenido, respecto del aborto que el óvulo y el espermatozoide son entes vivos, pero todavía falta que definir en qué momento pasan a ser un ser vivo... o sea, habría relativizado lo de la protección de la vida desde la concepción. Pero es posible que lo que más moleste sea su descripción de los establecimientos educacionales situados sobre “la cota mil”, muchos de ellos de Iglesia o cercanos.

Y al jesuita José Aldunate se le critica que se muestre partidario de la unión de los homosexuales que se amen y que crea que da lo mismo si a esa unión se le llama matrimonio o de otra forma.

Aunque son “sacerdotes ejemplares” pueden confundir a la gente que los escucha, según el reproche de Sofía Wulf, de la fundación Voces Católicas: “En materias específicas como el aborto o el matrimonio puede haberse dado que hayan confundido a la gente… ante eso, la gente misma pudo haber pedido, por distintos canales, una aclaración a la Congregación de la Doctrina de la Fe”.

Hasta ahora no hay antecedentes acerca de cuánta “gente” puede haberse confundido hasta el punto de llegar a pedir -denuncia mediante- una aclaración a Roma. Cabe preguntarse, igualmente, si antes hubo gente confundida por las acusaciones contra Fernando Karadima y otros sacerdotes a los cuales finalmente condenó la justicia. Y ¿qué decir del sacerdote O’Reilly, sometido a proceso y condenado en primera instancia?

Lo que nadie ha negado, por lo menos públicamente, es la entereza moral, el ejemplo de vida y la consecuencia de Puga, Berríos y Aldunate. Son sacerdotes ejemplares que se han dedicado por años a defender a los más desamparados de nuestra sociedad: pobres y víctimas de violaciones a los derechos humanos.

Esperemos que en Roma los informes enviados por el Arzobispado recojan también estos aspectos fundamentales.

Abraham Santibáñez