Editorial:

El debate de los Premios Nacionales

Santiago, 24 de Agosto de 2014

La temporada de premios nacionales terminó de manera fulminante este año. En poco más de 24 horas, los jurados siempre encabezados pot el ministro de Educación y siempre con la presencia del rector de la Universidad de Chile, completaron la tarea. La tónica fue la rapidez de su trabajo, para el cual cada jurado se completó con un representante del Consejo de Rectores, una persona afín al área correspondiente y en cada caso el galardonado anterior.

Como en otros años, la rapidez no impidió el debate, a veces inusitadamente áspero. Solo que en esta oportunidad, las propuestas de cambio, las protestas y los intercambios verbales se superpusieron; recién empezaba una discusión en las redes sociales y ya había dos premios más que añadir a la hoguera. Es otro subproducto de la proliferación de redes sociales y herramientas tecnológicas. Antiguamente –no hace mucho tiempo, en verdad- la discusión era más bien académica y, pese a la vehemencia de las posiciones, se hacía al ritmo de las linotipias. Ahora hay que agregar el creciente “empoderamiento” de quienes participan en las redes sociales. No solo han cambiado las tecnologías de la comunicación: también el lenguaje ha perdido muchas veces su característica más académica.

El blanco favorito, como muchas veces antes, ha sido este año el premio nacional de Literatura. No es la primera vez que ello ocurre, pero duelen las descalificaciones al premiado Antonio Skarmeta y las duras recriminaciones de por lo menos dos frustrados candidatos: Pedro Lemebel y Patricio Manns. Ambos se tomaron tan en serio sus postulaciones que, conocido el nombre del ganador, reaccionaron como si hubieran sido despojados de algo que legítimamente les pertenecía.

Al margen de las descalificaciones, lo que queda en claro es la necesidad de revisar la ley. Se ha hecho notar el exagerado predominio de la Universidad de Chile, cuyo rector está presente en todos los jurados. En algunos casos, como periodismo que no se daba este año, salvo el premiado anterior no hay ningún periodista en el jurado. Se dirás que todos leemos diarios y revistas o escuchamos radio y vemos TV. Pero no es el caso de otras distinciones de alta complejidad, como los galardones científicos. Incluso en el campo de la música hay encontradas posiciones: no cabe duda que para una gran mayoría de chilenos lo que correspondía era dárselo a Vicente Bianchi. Llama la atención que quien puso música a la obra de Neruda, no recibiese el premio mientras que Skarmeta, que popularizó la figura del poeta gracias a las versiones de teatro, cine y ópera de Ardiente Paciencia, si lo recibiera. Y muy merecidamente.

Por último, debe recordarse el método de postulación, que generalmente –aunque no en forma obligatoria- recae en gran parte en el propio interesado. Se piden también cartas de apoyo que, como se sostuvo ahora públicamente, de poco sirven.

Abraham Santibáñez