Editorial:

"Le saco la sal, le saco la sal…"

Santiago, 27 de Julio de 2014

No es una ley absoluta, pero con frecuencia quien detenta el poder, cree que ello incluye la obligación de velar por la salud y bienestar de la ciudadanía. Las dictaduras, que gozan del poder total, asumen con entusiasmo esta responsabilidad. Ya sabemos que, para salvar a un país del comunismo lo mejor es matar a los comunistas sin tomar en cuenta a nadie. Lo vivimos en Chile en su expresión más brutal.

A veces se trata de situaciones alejadas de toda ideología. Cuando, durante la dictadura, se modificó la ley del tránsito, el almirante Merino, que oficiaba de jefe del poder legislativo, aseguró que definitivamente se terminarían los accidentes en las calles y carreteras. Mejor intención no podía tener, pero las disposiciones dictadas en ese momento no impidieron que siguieran muriendo chilenos.

La historia se repite una y otra vez.

Después de un cuarto de siglo de terminada la dictadura, algunos dirigentes democráticos tienen la misma fe ciega en el poder de la ley.

A veces se han equivocado lamentablemente. Por ejemplo, cuando, so pretexto de impedir la propagación del autismo, se trató de imponer la prohibición del timerosal en las vacunas. Aunque el tema no se ha resuelto del todo, hay documentación suficiente que demuestra que las supuestas pruebas en favor de la medida adolecían de defectos básicos. Pero –claro- estaban en Internet y hubo quienes, tal vez ingenuamente, consideraron que eso era suficiente.

Las “redes sociales”, elevadas a los altares, suelen inducir a errores, a veces catastróficos… o risibles. Es la impresión qur queda, por ejemplo, del más reciente proyecto para preservar la salud de los chilenos: ¡Prohibamos la sal!

Cabe reconocer que es más fácil restringir la sal que terminar por ley con el consumo del tabaco. Pese a que está demostrado internacionalmente el peligro de la nicotina –ya lo anticipó Chejov hace mucho más de un siglo- las tabacaleras gozan de excelente salud. Es obvio, los fumadores son un buen negocio, igual que los bebedores de alcohol y los estados prefieren, a base de la experiencia de la prohibición en Estados Unidos, subir los impuestos a dictar su prohibición.

Pero ¿la sal?

Esta iniciativa parece un mal resultado de aquel spot de publicidad cargado al machismo y a la idea de que las mujeres se ponen “difíciles” o por lo menos excesivamente sensibles una vez al mes.

Sería bueno que los autores de la iniciativa que pretende prohibir los saleros en los restaurantes, se sinceraran al respecto. Tal vez tienen problemas serios en sus casas.

Abraham Santibáñez