Editorial:

Siempre es preferible la autorregulación

Santiago, 29 de Junio de 2014

Para quienes creemos que la autorregulación es la mejor fórmula para enfrentar los problemas éticos en los medios de comunicación, el recurso ante los tribunales de justicia implica un cierto fracaso. En nuestro país, sin embargo, frente a algunas conductas reiteradas, pareciera que no queda más remedio que ir al Consejo Nacional de Televisión, que es regulación impuesta por ley, o directamente a los tribunales.

Seguimos pensando que la situación sería menos compleja si quienes legítimamente quieren denunciar una conducta impropia hubiesen empezado por hacerlo ante las dos instancias existentes en Chile: el Tribunal de Ética y Disciplina del Colegio de Periodistas y el Consejo de Ética de los Medios.

Comúnmente se alega desconocimiento o ineficacia. Lo último tiene que ver con que ninguno de estos organismos puede imponer sanciones pecuniarias. Así es, pero personalmente estoy convencido de que ningún periodista profesional recibiría sin preocupación alguna una tacha moral. Por lo demás, las multas del CNTV se han hecho irrisorias: su monto es mínimo comparado con las ganancias de los canales de TV y el beneficio que reciben por la publicidad comercial.

Respecto del desconocimiento público, se trata por lo menos de un círculo vicioso: el Tribunal del Colegio y el Consejo de los Medios son poco conocidos porque reciben pocas denuncias. Es decir, no funcionan porque no siempre se recurre a ellos.

Así las cosas, vale la pena revisar la situación.

En los últimos días se han conocido varios casos en que, antes que cualquier pronunciamiento judicial, algunos medios optaron por llegar a acuerdos –se supone que son onerosos- con los afectados por faltas a la ética periodística.

* En dos de tres denuncias contra el programa Contacto de Canal 13, la estación decidió dar explicaciones y compensar a los denunciantes (Ver Registro),

* El mismo canal, sin esperar el pronunciamiento del CNTV, despidió a la Dra. Cordero por sus descalificaciones contra los jugadores de la Selección Nacional de Fútbol. En este caso, se descarta el legítimo derecho de opinión en la medida en que no hay juicios de valor sino simples descalificaciones: hirientes e incluso racistas.

En forma permanente, periodistas y editores hemos luchado contra las restricciones de la libertad de expresión. Pero tenemos claro que los excesos, las descalificaciones o los descuidos en la investigación, no pueden ampararse al alero de una supuesta libertad de expresión.

La reivindicación de estos principios está detrás de diversas manifestaciones periodísticas como las que se dan cuenta en esta edición. Se trata de los discursos pronunciados a propósito del ingreso de Ascanio Cavallo a la Academia Chilena de la Lengua y el nombramiento de Ricardo Hepp como presidente de la Asociación Nacional de la Prensa.

Vale la pena conocer su pensamiento en estos días de exceso de farándula y poca responsabilidad ética.

Abraham Santibáñez