Editorial:

El peligro de la desconfianza

Santiago, 9 de Marzo de 2014

Es obvio que la persona que asume este martes la Presidencia de la República es muy distinta de quien lo hizo hace ocho años. Es la misma ante el Registro Civil y ante la historia, pero también ha cambiado: “Nadie se baña dos veces en el mismo río”, dijo Heráclito.

En sus años fuera del poder, Michelle Bachelet “tuvo la capacidad de leer de manera muy correcta lo que estaba sucediendo en la sociedad chilena. Quizás fue la distancia que le impuso estar en Nueva York”, explicó a BBC Mundo el sociólogo Manuel Antonio Garretón.

El resultado es una diferencia evidente y que supone, sobre todo, madurez, un crecimiento personal que permite una mirada más serena hacia las personas y sus circunstancias. Aunque universalmente se reconoce que mantiene intacto el capital de su simpatía, de la misma manera, se entiende que en las lecciones del pasado, debe incluirse un grado nuevo de desconfianza. Ello explica, por ejemplo, la reserva (“secretismo”, para algunos) que ha mostrado Michelle Bachelet desde su regreso de ONU Mujeres.

El exceso de filtraciones es siempre un riesgo. Todos los presidentes chilenos, incluyendo a Pinochet, han experimentado el desagrado de saber que algunas decisiones que se quería mantener en reserva se publican destacadamente en la prensa. El caso más evidente es el de algunas medidas económicas cuyo conocimiento anticipado puede generar inéditos beneficios para quienes están en el secreto y no pocos daños para la comunidad. Pero, por cierto, no es solo eso y ello explica sus silencios,.

Lo anticipó en cierto modo en una de sus primeras entrevistas en 2013:

“Los periodistas andan demasiado ansiosos. Lo entiendo, ellos han estado hablando tres años de que yo soy candidata. Pero yo no he estado de candidata. Tengo que organizarme, buscar los equipos, no sé qué, no sé cuánto, mientras todo el mundo estaba convencido de que yo tenía todo armado, y que durante tres años estuve trabajando en esto. Por otro lado, yo entiendo lo que pasa con el silencio, pero, ¿tú te imaginas si yo hubiera opinado sobre cada una de las políticas que este gobierno determina? Hubiera sido de una irresponsabilidad republicana enorme”.

Sin embargo…

En el caso de la Presidenta Bachelet versión 2014, el bochorno de los nombramientos frustrados, especialmente subsecretarios, pudo evitarse si hubiese abierto en algo más el círculo del silencio… pero ello, probablemente, habría dejado abierta la puerta a presiones e indiscreciones de todo tipo.

Lograr un equilibrio en estas materias es quizás la mejor demostración de madurez de cualquier autoridad: ni tanto ni tan poco sigue siendo la mejor fórmula. Pero ello, claro, es pura teoría. Mejor dicho: ya sabemos que otra cosa es con guitarra.

 

Abraham Santibáñez